jueves, 4 de marzo de 2021

Proyecto de cementerio fuera de los muros de la villa de Villajoyosa en el año 1807.

Con ocasión de la epidemia experimentada en la Villa de Pasage (actualmente Pasajes), Provincia de Guipúzcoa, el año de mil setecientos ochenta y uno, causada por el hedor intolerable que se sentía en la Iglesia Parroquial de la multitud de cadáveres enterrados en ella», Carlos III dictaba en 1787 la Real Cédula por la que prohibía las inhumaciones en las iglesias salvo para los prelados, patronos y religiosos que estipulaba el Ritual Romano y la Novísima Recopilación. (ABC 01/11/2014)

En el artículo de “Cultopía Gestión Cultural S.L.” titulado Breve Historia de los Cementerios II, se puede leer:

Desde la orden de 1787, la construcción recaía sobre los párrocos mediante el dinero de las fábricas de las iglesias, pero esto debió de modificarse en 1806, 1833, 1834 y 1840, auspiciando a los Ayuntamientos a su construcción y dándoles facilidades financieras. En el Reglamento de 8 de abril de 1833 se determinaba que “los cementerios sean construidos con fondos municipales, aunque su custodia seguirá correspondiendo a las autoridades eclesiásticas”.

José Luís Santonja, en REVISTA DE HISTORIA MODERNA Nº 17 (1998-99) (pp. 34-35) “LA CONSTRUCCIÓN DE CEMENTERIOS EXTRAMUROS: UN ASPECTO DE LA LUCHA CONTRA LA MORTALIDAD EN EL ANTIGUO RÉGIMEN” La orden de construcción de cementerios extramuros se dilató, además, de forma excesiva. Prácticamente antes de la llegada del siglo XIX no se había llevado a cabo ninguna edificación mortuoria de este tipo de forma generalizada. Las causas de este retraso eran muy diversas, desde las limitaciones presupuestarias de las administraciones parroquiales hasta las resistencias de los feligreses para ser enterrados fuera del ámbito de los templos.


Orden para construcción de cementerios. Año 1809

Después de 17 años, muy pocos cementerios se habían construido fuera de las poblaciones y el soberano Carlos IV en una circular de 1804, recordaba y exigía la aplicación de la Real Cédula de Carlos III. 

Poco efecto tuvo esa circular, ya que el 27 de septiembre de 1809, la Suprema Junta Central Gubernativa del Reino, debido a las enfermedades que varios pueblos de Cataluña padecían a causa de los enterramientos de cadáveres en el interior de las poblaciones, emitió un comunicado prohibiendo rigurosamente esas inhumaciones, dando al mismo tiempo las órdenes a los corregidores y justicias del Reino para que observaran y cuidaran su cumplimiento.

En esa época y anteriormente, en Villajoyosa, los enterramientos se hacían en dos lugares. Si la persona fallecida pertenecía a la clase “noble” (Caballero, Ciudadano o Generoso), era enterrada en el lugar que la familia disponía en la cripta de la iglesia antes llamada de Santa María y hoy de La Asunción. Si el fallecido era de la clase “general”, el enterramiento se efectuaba en el espacio destinado para ello, que se encontraba en el exterior de la iglesia, en el lugar hoy llamado “La Placeta”, frente a la puerta principal del templo.


                                                                             La Placeta. Lugar de enterramiento hasta el año 1813

La población de Villajoyosa aumentó considerablemente, entre otras cosas, debido a la construcción del pantano de Relleu, y en los 80 últimos años, es decir, desde el año 1720 al 1800, pasó de tener 1500 habitantes a más de 5100, por lo que, en el mes de abril de 1807, el ayuntamiento vilero, precisado por las reales órdenes, pero sobre todo por la falta de sitio donde enterrar a los difuntos, redactó un proyecto para la construcción de un nuevo cementerio extramuros.

Este cementerio se proyectó levantarlo en la partida de Costes, en la parte baja del camino real de Orcheta (camí del peix) en la zona de la calle Limones, junto al río.

El alcalde y al mismo tiempo justicia, Vicente Lanuza Miquel, comunicó el proyecto a las personas que pudieran verse afectadas por tal obra, con tal de que pudieran realizar cualquier alegación a la misma.


                                                 Restos humanos descubiertos en la zona del antiguo cementerio de la Placeta

Quince fueron los vecinos propietarios de tierras y casas del lugar los que, en un documento conjunto, expusieron motivos contrarios.

Entre los razonamientos expuestos, estaban:

1º- Que la construcción de cementerios estaba encomendada a los corregidores cabeza de partido (en esos momentos, Villajoyosa dependía de Alcoy), de acuerdo con el cura del pueblo.

2º- Los cementerios debían construirse fuera de las poblaciones, en sitios ventilados, distantes de las casas de los vecinos, en terreno rural, al menor costo posible y aprovechando para sus capillas las ermitas que existían fuera de los pueblos y para la conducción de los cadáveres debían hacerse unas andas con ruedas.

El propietario del terreno elegido para la construcción del camposanto, de nombre Juan Pérez, en el escrito de alegaciones hizo constar que el lugar no era la elección más adecuada porque lindaba con el cauce del río. Esas tierras se regaban todos los sábados del año y en épocas lluviosas se caían sus márgenes, que eran de mucha altura.

                                                               Proyecto de cementerio junto al rio de La Vila. Año 1807 (1)

El terreno no era ventilado salvo en días de vientos fuertes en los que entraba de regolfo.

Era la tierra más preciada y de mayor costo de Villajoyosa por sus continuas aguas de la fuente de Urrios y en tiempos de sequía allí se hacían todo tipo de hortalizas para el abasto del común de la villa.

Hizo notar, el propietario del terreno, uno de los puntos más negativos de dicha zona, y era que en tiempos lluviosos las avenidas de las aguas del río solían ser catastróficas, destruyendo todo lo que alcanzaban, habiendo sido devastado en varias ocasiones, por lo que los cadáveres podrían ser pasto de los peces (el mar se encuentra muy cerca).

Posteriormente, los firmantes del manifiesto de alegaciones, hicieron saber los lugares exactos de la zona donde estaban sus viviendas, dejando anotado que las casas de la calle Limones no tenían otras a su frontis, que era malsana por los vapores que se exhalaban del río en tiempos de sequía y durante el verano los días calurosos se hacían inhabitables, aunque debido a la necesidad y la escasez de viviendas que por entonces había en Villajoyosa, no tenían más remedio que vivir en ellas.

                                                                 Proyecto de cementerio junto al rio de La Vila. Año 1807 (2)

Todas estas circunstancias las consideraban como negativas, no solo porque no se ajustaban a lo previsto en las leyes y normas dictadas sobre el tema, sino que, además, de construirse lo proyectado perjudicaría a todos, ya que se duplicarían las exhalaciones y miasmas del cementerio por medio del aire dominante de tramontana y los cadáveres, en vez de desecarse como si estuviesen en terreno seco, se humedecerían más, recibiendo mayor putrefacción.

Finalmente aconsejaron que, el mejor lugar para la construcción del cementerio era el Calvario. Consideraban que era el sitio más idóneo, ya que reunía todos los requisitos de las Reales Cédulas y leyes en la materia. Era secano y rural, ventilado por su altitud, no lejano del pueblo, tenía ermita y su terreno no costaría un maravedí porque era propiedad de la villa.

Solo había una cosa en contrario y era que se tenía que cruzar el río (entonces no había puentes), pero para atenuar el inconveniente, apuntaron que el agua, normalmente, no solía sobrepasar un palmo, salvo en días de avenida, y al ser los cadáveres conducidos en andas con ruedas, que era un carro tapado, podía pasarse el río con comodidad.

                                           Zona elegida para el cementerio y en la que los franceses lo construyeron

Bien era verdad que esta conducción y su tránsito por el río no podría verificarse en el caso de las avenidas fuertes, que durante el año podrían ser dos o tres, pero como éstas no eran duraderas, se podría dilatar el entierro hasta menguar la riada y en caso de no ser así, podrían enterrarse en la Plazuela de la iglesia en alguna sepultura habilitada para tal fin, y eso solo podría darse en dos o tres ocasiones al año.

De este escrito mandaron copia al Caballero Corregidor de Alcoy, que era cabeza de partido.

Un año después comenzó la guerra contra el francés (guerra de la Independencia), aunque las tropas francesas no entraron en Villajoyosa hasta el mes de enero de 1812 y su permanencia fue de seis meses. En ese tiempo construyeron en esa misma zona un cementerio.

Es muy posible que aprovecharan el proyecto de 1807 para construirlo. Véase: http://www.lavilaycomarca.com/2015/05/el-cementerio-de-los-franceses-de.html

Documento del año 1816 en el que se dice que los franceses construyeron un cementerio

En el año 1813, ya libre de enemigos, el ayuntamiento de La Vila construyó en el Calvario el tan esperado cementerio y es muy probable que se eligiera ese lugar por las indicaciones y sugerencias que los vileros de la calle Limones hicieron en sus alegaciones del año 1807. Ese lugar de enterramiento estuvo en activo hasta el año 1888 en que se construyó el actual.

El Calvario. Lugar de enterramiento entre 1813 y 1888

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lunes, 8 de febrero de 2021

La Insaculación en la villa de Villajoyosa antes y después del Real Privilegio otorgado por el rey Felipe III en la corte de Valladolid el 12 de enero del año 1602.

La Gran Enciclopedia Aragonesa nos dice que insaculación es el procedimiento para la elección de cargos de provisión anual usado en la administración municipal y en la Diputación del Reino. Consistía en anotar los nombres de los aspirantes a los distintos oficios en cédulas de pergamino y recubrirlas de cera, formando unas bolas denominadas teruelos o redolinos. Había una bolsa por cada oficio o grado, en la que se guardaban los teruelos de todos los aspirantes. La extracción se hacía vaciando sucesivamente y por separado los redolinos de cada bolsa en una vasija con agua, y extrayendo tantos como cargos que cubrir de cada grado, por intermedio de un niño no mayor de diez años. El procedimiento insaculatorio fue introducido en Aragón en el siglo XV, de mano de la dinastía Trastámara.

                                                       El Rey Felipe III

Vamos a retrotraernos al siglo XVI.

En la casa consistorial de la villa de Villajoyosa, un 22 de diciembre de 1558 (podría ser otra fecha), se reunieron para realizar la insaculación anual de los empleos de república (en este caso se refiere a cargos públicos).

Cuando el batle o bayle, cuyo empleo era perpetuo y nombrado por el rey y entre otras funciones propias de su oficio, presidía las insaculaciones y todos los actos del sorteo de oficios, consideró oportuno, hizo callar a los presentes y dio comienzo la ceremonia de la insaculación que decidiría los nombres de los insaculados que pasarían a formar parte de equipo de gobierno para el siguiente año.

Seguidamente, el justicia, que además de ser la persona que, como su nombre indica, la impartía a nivel civil y criminal, era el que presidía las reuniones o actos del consistorio (el equivalente al actual alcalde), le entregó la bolsa de insaculados, colocando las bolas o redolines en la vasija en que debían ponerse para el sorteo, constatando antes que eran treinta y no más ni menos. Siendo siempre los mismos individuos los que se nominaban en cada una de las treinta bolas.

Los sacos pues, que por cierto fueron dos en tiempo antiguo, uno era el del justicia y otro el de jurados y que después se redujeron a uno en la práctica. Se guardaban en el arca de tres llaves, colocada en el archivo de la casa de la villa. El día del sorteo, el saco o bolsa, se extraía públicamente, se contaban los redolines o bolas y se ponían por el bayle en una vasija parecida a una bacía de barbero (que también se conservaba en dicha caja), se llenaba de agua hasta la mitad y quedaban nadando las bolas. Se cubría con un tafetán carmesí y por un niño menor de siete años se extraían las bolas una a una y por el bayle, justicia, jurados y consejo particular, se daban por buenas o se impedía el nombramiento si para ello había razón particular personal o impedimento.

    La Vanguardia. Bolsa de tela con la que se efectuaba el sorteo de alcaldes. Museu d'Història de Girona

Estos impedimentos eran meros temporales y jamás privaban al insaculado de su derecho a sortear los oficios. Todas estas circunstancias se advertían.  Al extraer la bola nominada de una persona que tenía algún impedimento para ejercer los oficios, se pronunciaba por el consejo en el acto mismo de la extracción del redolín, y por ello se procedía a la extracción de otro o de otros, hasta salir en suerte un sujeto apto. Pero tanto los impedimentos indicados como los que dimanaban de otras circunstancias particulares, capaces de inhabilitar a un individuo para el gobierno, eran meros temporales mientras duraba el motivo de la inconveniencia, y jamás producían exclusión del saco, quedando siempre y hasta su muerte insaculado el que una vez lo fue, continuando en su derecho de sortear los oficios, si bien se declaraba su impedimento tantas cuantas veces tenía suerte para algún oficio de república.

De cuando en cuando, se practicaba el reemplazo de vacantes en el saco de insaculación, en razón de fallecimiento de alguno o algunos de los 30 insaculados. Para ello, no se obligaba ni forzaba a ningún sujeto de clase competente (noble) a insacularse, aunque en algunas de las actas de insaculación, se observan dos cosas de notar, y son, que unas veces proponía el justicia los sujetos en quienes concurrían las circunstancias precisas y expresas en el Real Privilegio, ya fuese motu propio o por pretensión que ya hubiesen hecho los aspirantes o hacer pregones públicos para que los sujetos que se juzgasen con derecho, acudiesen a opositar a la insaculación. En un acta del año 1640, se lee que para ello se hicieron pregones y de hecho comparecieron seis. De cualquier modo, debían los pretendientes o los que se proponían por el justicia, tener las circunstancias contenidas en el Real Privilegio y sujetarse además, al voto del consejo, que juzgaba del carácter y calidad de los que debían ser admitidos.

Y se hacía de esta forma.

El justicia nombraba a uno de los propuestos o pretendientes, y se decidía seguidamente su admisión o exclusión por voto que se expresaba y declaraba por habas blancas y negras. Cada individuo del consejo se llegaba a la vasija, de la que hemos hablado, que estaba cubierta con su paño de tafetán, y ponía, oculta, una haba blanca o negra, según su voto y voluntad. Concluida la votación, se descubría la vasija y se contaban las habas blancas y negras, decidiendo aquellas la admisión y estas la negativa. Seguidamente se proponía otro sujeto y se practicaba igual ceremonia hasta completar el número de vacantes. Y esto se llamaba “Farechar”, con lo que ningún consejero manifestaba su voto y se evitaban los inconvenientes y falta de libertad que hay en las elecciones por voto público.

Sobre el Real Privilegio de Insaculación y establecimiento de aquella forma de gobierno, solo consta por todas las actas de sorteo de oficios, en las que se expresa se procedía y verificaba aquel con arreglo al Real Privilegio. Sin más. Pero en el acta del consejo, tenido el 22 de diciembre del año 1682, a consecuencia de cierta orden del virrey de Valencia sobre la suspensión del sorteo de oficios para el año siguiente, se lee, resolvió el consejo de la villa que, sin embargo de lo mandado por su excelencia, se procediese a la extracción del justicia, pues nadie podía impedirla, según el tenor del Real Privilegio de Su Majestad, concedido a la villa de Villajoyosa en la ciudad de Valladolid el 12 del mes de enero del año 1602, y en efecto, se llevó a cabo la extracción de este oficio y resultó suerte en Agustín Mayor. La única prueba de la existencia del Real Privilegio de Insaculación son las actas de los sorteos, habiendo este desaparecido físicamente.

                                                                       alamy stock photo

Antes del Real Privilegio de Insaculación, se gobernaba la villa por un justicia y dos jurados, asociados a un consejo particular que parece era parte esencial del gobierno municipal, pues en todas las actas o deliberaciones existentes de las reuniones de consejos, se puede leer, asistían los consejeros con el justicia y jurados para resolver los asuntos convenientes a la villa y ninguna resolución se hizo sin asistencia del consejo particular. De esto se desprende, que los consejeros prestaban su juramento de fidelidad al rey para ejercer bien y fielmente su oficio. Según así, se puede ver en el acta de 31 de enero de 1577, en que el honorífico Don Gerónimo Aragonés, fue electo consejero por el Magnífico Don Pedro Juan Lloret, justicia, y prestó juramento de ejercer bien y fielmente su oficio y guardar lealtad al Señor Rey.

Además del consejo particular, había otro consejo que se llamaba general, al que asistían una porción de vecinos, y juntos con el justicia, jurados y consejo particular, resolvían ciertas materias y casos, lo más conveniente del bien público e intereses del común del pueblo. Las deliberaciones del consejo general se incorporaban en las mismas manos de actas del consejo particular, bajo el título “Ma de consells de l’any…”

A los consejos particulares asistían solo los que eran de este consejo, el cual, componía parte esencial del gobierno. Y a los consejos generales, asistían, con el justicia, jurados y consejo particular, todos los demás vecinos que tenían el derecho de asistir, según el modo y forma de gobierno entonces establecido.

Después del otorgamiento del Privilegio de Insaculación, en los sorteos o insaculaciones, se verificaba que todo estaba acorde a este y la extracción de las bolas se hacía en el modo que se ha dicho. Pero el número de empleados en el gobierno, fueron: el justicia, 3 jurados, el mustasaf y sobresequiero, jueces contadores, clavario y consejeros. El justicia, jurados y mustasaf salían del saco de la insaculación.

Los consejeros, por mitad, salían de la suerte del mismo saco, y la otra, se nombraban a propuesta de los justicia, jurados, mustasaf y sobresequiero. Cada uno de estos seis oficiales, proponía dos individuos para el consejo, que se llamaba, del cuerpo de la villa, por lo que resultaban 12 propuestas, y puestos todos en otros tantos redolines, se reducían al número de seis, decidiendo la suerte los que debían ejercer el oficio de tales consejeros.

Citaremos, por ejemplo, el acta de 6 de mayo de 1698, pues de ella resulta que Jayme Aragonés, menor, fue sorteado para consejero, saliendo su redolín del saco de la insaculación. Y en la misma acta, se lee a continuación, “haber sido propuesto Bartolomé Aragonés por el justicia para consejero del cuerpo de la villa con otros once propuestos por el mismo justicia y demás oficiales”, y acto seguido, puestos todos, los 12 propuestos, en otros tantos redolines, se procedió a sortear los seis que debían quedar para el referido consejo.

El ser consejero, era plaza tan activa y poderosa en el gobierno y daba tanta parte en él, que impedía ser jurado aquel año y obtener otro oficio de república. De ello nos ofrece ejemplo, entre otras muchas actas, la del 10 de junio de 1675, donde dice: “ne Font tret altre (redolí) en lo nom de Pere Jusef Vaello, fonch sufogat (sofocat) per a restar conseller, ne fon tret altre en lo nom de Miquel Buforn(“se ha sacado otro (redolín o bola) con el nombre de Pedro José Vaello, fue anulado por ser consejero, se ha sacado otro con el nombre de Miguel Buforn”).

                                                                     Dibujo de infobae

Los jueces contadores, a veces se extraían del saco de insaculados a continuación de la extracción del justicia, y otras eran a propuesta del justicia y de los 3 jurados. Era preciso prepararse a fondo en esta materia para dar sentido a esta variedad de designación de sujetos para el oficio de contadores. El acta o consejo del 6 de mayo de 1698 recoge uno de tantos casos y así lo refleja: Incontinenti (prontamente, al instante) fue hecha la numeración de jueces contadores, proponiendo el justicia por su parte, a dos individuos. Los jurados propusieron también dos individuos cada uno, (se nombran todos). Cito aquí esta acta por la circunstancia antes notada (sin sorteo), que uno de los dos propuestos por el jurado tercero fue Jacinto Ibáñez, bayle por Su Majestad, y fueron al parecer, todos, en número de ocho, aprobados para jueces contadores, sin mediar más ceremonia, sorteo, ni otra formalidad que resulte de dicha acta.

En cuanto a la elección o designación de justicia civil y criminal (que este era su título), se verificaba precisamente por suerte, sin observarse cosa en contrario. Las cualidades que se requerían para ser justicia eran las mismas que para ser jurado, pues la suerte decidía de los cargos sin más diferencia que salir la bola o redolín para uno o para otro oficio cuando se trataba de sortearles, estando, como estaban todos los individuos, para uno y otro oficio, contenidos en una misma bolsa.

El sorteo de justicia se hacía en distinto día del de los jurados, pero uno y otro con la misma formalidad.

Los jurados, según está dicho, eran solo tres con arreglo al Real Privilegio. El primero se llamaba, como en otras partes, “jurado en cap”.

El encargo de sobresequiero o juez de las aguas y riegos, era otro de los oficios de extracción y solía sortearse a continuación de los jurados.

El mustasaf o almotacén se sorteaba el 28 de septiembre. Ordinariamente como los demás, este oficio era de duración anual. Al almotacén pertenecía el cuidado y vigilancia sobre la exactitud de pesas y medidas, y otras atenciones. Era oficio también de la bolsa.

                             El Mustasaf o almotacén. Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín

El clavario o clavero era el tesorero o depositario a cuyo cargo estaba la llave del fondo público y a quien tocaba recibir y pagar las cantidades a él pertenecientes. En este oficio se observa también variedad en su designación. Si leemos el acta o consejo del 25 de mayo de 1657, veremos que se ponen en redolines un corto número de sujetos designados por el justicia y jurados. Si observamos el acta del consejo del día 2 de junio de 1681, veremos que el oficio de clavario se sorteó a continuación y seguido del de consejeros y jueces contadores, y que los sujetos sorteados fueron todos los del saco de la insaculación.

A partir de la abolición de los fueros del Reino de Valencia por el rey Felipe V, o sea, desde el establecimiento del gobierno según las leyes y práctica de Castilla, comenzaron los mandatos de los alcaldes, regidores y síndicos, según el tenor y declaración de la Real Cédula del Señor Don Luís Primero, no causando actos positivos en la hidalguía.

Aunque, en un acta del 15 de febrero de 1710 figura que fue nombrado alcalde primero Don Cayetano Aragonés, y se le tituló en algunas actas del ayuntamiento, alcalde por el estado noble, así como al otro alcalde ordinario que fue Tomás Mayor, se titulaba al mismo tiempo, alcalde por el estado general. Distinción digna de anotarse y que tuvo su origen en la misma Real Orden de Don Luís 1º, de constituirse el gobierno según las leyes, al estilo y práctica de Castilla, y por ello se nombraban dos alcaldes, alcalde primero y alcalde ordinario. En los protocolos del escribano Bautista Cabot, de dicho año, folio 12, guardados en un arca particular del archivo de la casa de la villa, se podía leer igualmente en cierta escritura otorgada por el ayuntamiento, esta cualidad de alcalde por el estado noble con respecto a Don Cayetano Aragonés y como alcalde del estado general a Tomás Mayor.  

Las elecciones en este tiempo, se hacían a propuesta del gobierno saliente y las aprobaba el capitán general del reino y real audiencia. El año de gobierno iba regularmente de junio a junio y por eso alcanzaba parte de los dos años.

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martes, 19 de enero de 2021

Sobre el apellido Zaragoza

Muchos son los documentos antiguos de la villa de Villajoyosa en los que se nombra a un Zaragoza, por lo que considero que se merece una pequeña reseña en recuerdo de todos ellos.

Zaragoza es como se escribe actualmente, pero en el transcurso del tiempo ha tenido sus variantes debido al tipo de escritura que se plasmaba en los documentos, hay que tener en cuenta que anteriormente al año 1707, en que se abolieron los Furs en el Reino de Valencia, se escribía en valenciano, intercalándolo a veces con frases de un latín muy deteriorado y la mayor parte de las veces tal como se pronunciaba. Las variantes son Saragosa, Saragossa, Çaragosa, Çaragoça, etc.

A continuación, van anotados cronológicamente unos pocos pasajes en los que el apellido Zaragoza, o sus variantes, vienen recogidos en tantos documentos históricos como notas numeradas, señalando la fecha en que se produjeron y así vienen recogidos en tales documentos.

1-   1--El 10 de julio de 1586, Bartolomé Zaragoza, hijo de Francisco Zaragoza, compró una casa en el “carrer d’enmig” de Villajoyosa, que lindaba con la de Juan Zaragoza

2-   2--El 16 de octubre de 1604, en una escritura de compra del lugar de enterramiento en la cripta de la iglesia parroquial de Villajoyosa, se dice que Francesc Saragossa era el cura de dicha iglesia y Berthomeu Saragossa intervino en el asunto por ser uno de los dos Jurados de la villa que actuó como patrono de las sepulturas de dicho lugar.

3- 3--El 27 de mayo de 1619, encontrándose en el castillo de Guadalest, Berthomeu Saragosa actuó como testigo de una venta de censos.

4-   4--El 18 de julio de 1711, Joseph Zaragoza, pescador llamado “El Cuco”, fue testigo de un reconocimiento de deuda.

5-   5--El 25 de mayo de 1719, fue testigo de la venta de dos solares en la plaza del Olmo (hoy plaza de La Generalitat) de Villajoyosa, Joseph Saragoza, boticario, que además firmó también en nombre de los vendedores porque estos no sabían y le rogaron que lo hiciera por ellos.

6-   6--El 13 de octubre de 1729, Gerónimo Zaragoza fue nombrado por el ayuntamiento de Villajoyosa, junto a tres personas más, como experto en tasaciones o justiprecios (perito).

7-   7--El 30 de enero de 1762, el alcalde de Villajoyosa, Melchor Lloret, realizó una sesión de preguntas a tres testigos, entre ellos Gerónimo Zaragoza, para demostrar la pureza de sangre de Don Juan Mayor.


8-    8--El 11 de febrero de 1750 era alcalde ordinario de Villajoyosa Gerónimo Zaragoza y el 4 de julio del mismo año continuaba siéndolo ya que en esa fecha se presentó ante él una comparecencia para un juicio.

9-  9--El 15 de mayo de 1788, Gerónimo Zaragoza, pasante en medicina, estuvo presente y fue testigo de un otorgamiento de poderes realizados en la sacristía de la iglesia parroquial de Villajoyosa.

    10--El 6 de febrero de 1790, Don Juan Zaragoza fue una de las 4 personas que firmaron el escrito que se presentó en la Audiencia de Valencia para que ésta interviniera en el asunto de los destrozos ocasionados en el pantano de Relleu, causados por gente de esa villa.

  11--El 14 de diciembre de 1791, el Doctor Don Gerónimo Zaragoza actuó en Benimantell como apoderado de Don Cayetano Aragonés, oficial de marina.

   12--El 14 de agosto de 1792, Don Gerónimo Zaragoza, bachiller en medicina, actuó como testigo de un pago en Benimantell en representación de Don Cayetano Aragonés.

  13--El 26 de abril de 1807, 18 vecinos de Villajoyosa entre los que se encontraba Gerónimo Zaragoza y Llorca, presentaron una queja al ayuntamiento de Villajoyosa en contra del proyecto municipal de instalar un cementerio debajo de la calle Limones, siendo uno de los 4 que firmaron (posiblemente por no saber los demás). En el mismo documento se menciona a Don Juan Zaragoza como a uno de los tres médicos que realizaron un informe sobre el caso.

  14--Antonio Zaragoza, patrón de barca, condujo una cargada de algarrobas desde Villajoyosa hasta Valencia, con destino al Cuartel General en plena Guerra de La Independencia. 19 de noviembre de 1811.

    15--El 21 de marzo de 1816, Casimiro Zaragoza fue testigo de una comparecencia para repartir y valorar una herencia.   


16--El 5 de julio de 1828, Joaquín Zaragoza de Jayme compró un pedazo de tierra en el Montiboli.

17--El 2 de diciembre de 1852, Jayme Soriano de Pedro, vecino de Manilva (Málaga) y con poder especial de su consorte Vicenta Zaragoza, compareció en Villajoyosa para vender una casa y tierras.

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lunes, 19 de octubre de 2020

Villajoyosa durante siglos.

Podría presentar más de cien documentos antiguos, escritos en latín, valenciano y castellano, en los que el topónimo de nuestra ciudad y antes villa, se ha escrito de la misma forma que la conocemos actualmente.

Desde su fundación en el año 1300 o 1301, todos la han conocido como Villajoyosa o Vilajoiosa.

Antiguamente, los escribanos, plasmaban las palabras en el papel tal como las oían y se pueden encontrar varias formas escritas de nuestro topónimo, como Villajosa, Vilajoya, Vila yosa, etc. Son errores de escritura o simplemente malas pronunciaciones de los que dictaban al escribano o malos entendidos de éste.

Todos sabemos que una villa y una vila es lo mismo, salvo que la primera es en castellano y la segunda en valenciano. Esa es la única diferencia. Desde siempre, y así lo atestiguan los textos, los valencianos hemos utilizado la Y en nuestros escritos, al igual que la CH, y desde hace unos años, nuestros políticos (propensos al mamoneo, al chaqueterismo y al servilismo con el más poderoso), permiten que en nuestras escuelas se enseñe el catalán diciendo que es el mismo idioma. Y donde iba una CH ponen una X, y en lugar de una Y una i.

Realmente existen muchos escritos con el nombre de Vilajoiosa, pero hay muchos más con el nombre de Villajoyosa o Vilajoyosa. Lo curioso es que, si ambos nombres se leen en castellano o valenciano, ambos nombres se pronuncian igual (con la diferencia antes anotada de Villa o Vila).

Voy a ilustrar esta reflexión con copias de cinco documentos en los que se manifiestan claramente que el nombre de Villajoyosa, o Vilajoyosa, es el que desde su fundación adquirió nuestro pueblo.

Estos documentos están al alcance de cualquier persona y los ignorantes que dicen que el nombre de Villajoyosa está impuesto (los suyos también están impuestos), pueden acceder a ellos perfectamente y no hacer el ridículo.

Tres de ellos están sacados del Fondo Histórico de Aragón.

1-     Carta de Pedro Calvet, juez de Valencia, en relación al pleito que había entre el noble Bernat de Sarriá, de una parte, y el comendador de la Orden de Santiago de Montalbán, de otra, por ciertas propiedades en Orcheta y Villajoyosa. Fechada el 7 de enero del año 1328.


2-     Carta del rey Alfonso IV al juez de Valencia, cuyo contenido trata de un pleito entre vecinos de Finestrat y otros de Villajoyosa. 8 de octubre de 1332.


3-     Carta del batle (representante real en la villa) de Villajoyosa, Johan Mayor, en la que menciona al comendador de Montalbán (Orden de Santiago). 18 de mayo de 1413.


El siguiente documento se encuentra en los archivos del Ilustrísimo Ayuntamiento de Calasparra en la Región de Murcia.

4-  Se trata del privilegio para pescar en la isla de Benidorm, otorgado a los pescadores de Villajoyosa por el rey Alfonso V en el año 1452.


Por último, un importante documento que se encuentra en los archivos municipales de Villajoyosa.

5 -  El privilegio real otorgado a Villajoyosa por el rey Carlos I, por el que se autorizó poder celebrar mercado y feria anual a perpetuidad desde las fechas de celebración de la festividad de San Miguel hasta la de Todos los Santos. Son los festejos más antiguos del municipio y de la comarca y actualmente, después de haber transcurrido 487 años, aún se celebran en honor al Patrón de la localidad, San Miguel. Está fechado el día 20 de diciembre del año 1533.


A pesar de que Villajoyosa es coloquialmente conocida como LA VILA por todos los vecinos de nuestra comarca e incluso de nuestra provincia, no hay ningún documento anterior al año 1979 que acredite el artículo LA delante de Vilajoiosa. Fue el pleno del ayuntamiento de Villajoyosa, en sesión celebrada el día 5 de julio de 1979, el que acordó la forma La Vila Joiosa en ¿valenciano? Y un Decreto del Consell de la Generalitat Valenciana, de fecha 11 de octubre de 1988, el que lo aprobó.

domingo, 4 de octubre de 2020

La leyenda del amor secreto de Pinet el bandolero.

A finales del año 1984, después de mostrar, en varias ocasiones, mi interés por conocer la finca de La Almiserá, Doña Antonia Aragonés, la señora de La Barbera y de dicha finca, dijo que me acompañaría hasta allí, pero... en mi coche.

Me sorprendió, ya que jamás me había dicho ni si, ni no.

Quedamos para esa visita y una soleada tarde nos fuimos para allá.

Al llegar, dejé mi vehículo en la explanada que había delante de la casona. Entramos en la vivienda y me enseñó todas sus dependencias. Estaba todo semi abandonado, al igual que sus extensas tierras, pero entre la belleza de las pinturas de las habitaciones del piso superior y lo viejo o antiguo de todo lo demás, hacía que la fascinación brotara en mi mente.


Casa de la finca de l'Almiserà propiedad de la familia Aragonés de Villajoyosa.

Salimos de la casa y la señora se sentó en una bancada junto al portal.

Vi que dos hombres se acercaban caminando junto a un gran aprisco que había bajo la colina donde se asentaba el caserón. Saludaron con gran vehemencia a Doña Antonia y después a mí.  Cuando comenzaron a hablar con la señora, me di cuenta de que eran dos de sus empleados que estaban al cuidado de la finca.

Uno de ellos, llamado Ángel, se dirigió a mí: --¿Te gusta la finca?

“Lo que he visto sí, pero no conozco nada más”—Respondí—

“Pues si la señora no tiene inconveniente, te puedo enseñar parte de ella”—me dijo—.

Al momento, la señora me miró diciéndome: “Ve con Ángel y que te enseñe la finca, mientras, tomaré el sol aquí sentada y charlaré un poco con Pedro”.

Anduvimos por el lado de poniente de la mansión, por una pequeña senda, entre lo que un día fue un jardín. Llegamos a unos vastos bancales que llegaban hasta el rio Torres. Algunos bancales los bajábamos por unas piedras incrustadas en el margen a modo de escaleras. Me quedé pasmado, mirando a unos vetustos algarrobos y olivos, sin duda centenarios, o quizás milenarios.

“Alguno de estos árboles deben de tener la edad de la famosa Olivera Grossa”—Dije—

A lo que Ángel contestó: “Seguro. Son antiquísimos” “Pero alguno de estos, además, han sido parte de historias románticas”.

Me quedé mirando a Ángel con los ojos abiertos como platos. Había tocado uno de mis puntos sensibles.


                                       Olivo milenario de la finca l'Almiserá donde se escondía Pinet

Estábamos junto al olivo que señaló cuando dijo la frase que me dejó paralizado. Le dije que nos sentáramos bajo la sombra de ese árbol. Nos sentamos y mirándole fijo a los ojos, le espeté: “Cuenta, cuenta”.

“Bueno, dicen que, en este olivo, y también en un algarrobo que hay ahí arriba, se escondía el famoso bandolero Pinet. Al parecer, una tarde, pasó por aquí con su caballo, camino de Finestrat, cuando se percató que una mujer estaba abrevando unas ovejas en el rio, se acercó a ella para preguntarle si había visto por allí o por los alrededores a la guardia civil”.

“Al oír el trote del caballo, la mujer dio un giro a su cuerpo”.

“Atemorizada ella por la presencia de un desconocido (por toda la comarca se conocían las acciones de los bandoleros) y admirado él por la juventud y belleza de la muchacha, se quedaron inmóviles los dos. Sus miradas se encontraron fijamente”.


Pinet, el último bandolero. Fulles grogues. Canal Nou

“Ella tendría entre los 18 y 22 años y Pinet aún no habría cumplido los 30”.

“Cuando el jinete reaccionó, la saludó con mucha cordialidad y después de preguntarle quién era, le dijo si había visto por allí a la guardia civil”.

“Angélica, que así se llamaba la joven, le dijo al apuesto varón, que era la hija del encargado de la finca, que no había visto a ninguna patrulla y que tenía prisa por ir a encerrar el rebaño, ya que se estaba haciendo tarde y sus padres podrían preocuparse por la tardanza”.

“Pinet, que era un joven muy apuesto y de una aplicada educación de familia pudiente, le dijo que se llamaba José y que le gustaría volver a verla” “Angélica agachó la cabeza y de su boca solo salió un trémulo adiós, enfilando con sus ovejas hacia el redil que hasta hace bien poco aún se conservaba y se utilizaba”.

“Prendado por la belleza de la muchacha, Pinet, que difícilmente se daba por vencido, la siguió, y cuando estuvo a su altura, bajó del caballo y se puso frente a ella. ¡Mañana volveré a verte! —le dijo—“.

“La joven alzó la vista tímidamente, y los negros ojos de Pinet se volvieron a incrustar en los de ella. Fueron dos segundos en los que, no solamente se penetraron con sus miradas, también se taladraron el corazón”.

“Con pasos ligeros, Angélica, se dirigió hacia los rediles. Pinet continuó absorto durante varios segundos, cautivado por la linda muchacha”.

“Con toda seguridad, ninguno de los dos pudo lograr dormir durante esa noche”.

“Al día siguiente, un par de horas antes del momento del encuentro anterior, el bandolero estaba rondando la finca de La Almiserá. Con mucha precaución se trasladaba de un punto a otro después de otear en todas las direcciones. Divisó el pequeño rebaño dirigido por la doncella y se dirigió hacia el rio, ya que entre las adelfas, cañares y zarzamoras estaría más seguro”.


La guardia civil registrando a un campesino. Periódico Las Provincias

 “La pastora se encontraba inquieta, a cada momento se paraba para lanzar una mirada por cualquier derrotero. Con recelo, pero ansiosa por volver a ver a quien no podía apartar de su pensamiento, al que ya consideraba su galán”.

“José Martorell Llorca, que así se llamaba Pinet, sabía que las ovejas irían a abrevar al mismo sitio, solo era cuestión de esperar y eso lo bordaba”.

“Llegó Angélica al abrevadero y continuaba con sus miradas intranquilas, movía la cabeza en todas las direcciones. Comenzaba a desilusionarse, para sí se decía que había sido una tonta”.

“De pronto oyó como un siseo. Se puso en guardia. Su rápida mirada exploró todos los rincones. ¡Ssssssshhhhh! De nuevo otro siseo. Le pareció que salía del viejo olivo, sobre el margen del bancal de arriba donde estaba ella, es decir, de este mismo árbol bajo el cual nos encontramos”.

“Allí dirigió su mirada y vio que del interior del tronco salía su anhelo. Le temblaba todo el cuerpo y su corazón parecía querer salir de su pecho”.

“Se quedó inmóvil mientras Pinet caminaba lentamente hacia ella, y cuando estuvo a medio metro, se detuvo. En ese momento sus miradas se encontraron y en pocos segundos, sin hablarse, se dijeron muchas cosas”.

“Pinet alargó sus fuertes brazos y la atrajo hacia su cuerpo. Angélica se dejó llevar. Sin dejar de mirarse, el galán acercó lentamente su boca hacia la de ella”.

“Cuando sus labios se rozaron, sintieron algo parecido a una descarga eléctrica que atravesaba sus cuerpos. Fue suave pero intenso, dulce, puro, placentero, celestial”.

“Después, él la abrazó contra su pecho y así estuvieron hasta que Angélica reaccionó asustadiza, pero no por lo que había sucedido, sino por si alguien pudiera haberles visto. Primero miró hacia la casa y después en todas las direcciones. Parecía todo en orden, pero al mismo tiempo que suspiraba, volvió su cara para decirle a Pinet con preocupación: ¿Nos habrán visto? ¡Si se enterara mi padre…!”.

“No te preocupes, de eso me ocupo yo. -dijo el bandolero- “.

“A partir de ese día, José Martorell, Pinet el bandolero, pasaba por la finca de La Almiserá para visitar a su amada, con la asiduidad que sus preocupaciones le permitían. Dos, o posiblemente tres, fueron sus puntos de contacto que les permitían esconderse de cualquier amenaza de las que continuamente le acechaban. Este milenario olivo, el algarrobo y quizás el acueducto que hay en la rambla de la parte norte de la finca”.


El algarrobo de l'Almiserá

“La enamorada Angélica pasaba los días esperando ser visitada”.

“El romance duró solo unos meses, ya que, engañado por una promesa de amnistía, Pinet se presentó en el cuartel de la Guardia Civil de Cocentaina (hay quien dice que fue en el de Tibi, incluso que fue capturado en la localidad valenciana de Llaurí), desde donde fue llevado a una cárcel de Málaga y después al penal de Ceuta. Allí murió en 1909 con 41 años”.

“Durante el tiempo que duró el idilio, jamás fue molestado ni importunado por nadie, a pesar de que, con toda seguridad, los padres de la joven y todos los campesinos que en el lugar trabajaban, conocían el amorío de la pareja. Pinet era conocido, respetado y temido, y ya en una ocasión le dijo a Angélica: ¡De eso me ocupo yo! Y seguro de que se ocupó”.

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