jueves, 26 de mayo de 2016

Desafío Nepal (Mi experiencia) 2

Segundo día y primero de expedición.
Desayuno a las 7,30 y salida en la misma “tartana” del día anterior hacia el aeropuerto doméstico de Katmandú. Antes de salir nos recomiendan que dejemos en el hotel todas las cosas que no van a ser imprescindibles, porque debido al tipo de avión, no dejan facturar más de 12 kg. ¡Madre mía! ¿Cómo será ese avión?
Llegamos al aeropuerto “acongojados” por la forma de conducir de los nepalíes. Entramos en la sala de facturación. Una especie de cobertizo parecido a un mercadillo cubierto en el que se podían ver toda clase de mercancías, desde vigas de madera hasta sacos de cebollas (ahora lo comprendo, porque nuestro destino era Lukla, puerta de cualquier ruta hacia el campamento base del Everest y hasta allí solo se puede acceder en avión o helicóptero).

                                          Fotografía de Reinhard Kraasch

Nos llevaron por la pista a una zona de pequeños aviones. Embarcamos en una “lata de sardinas”, teniendo que ir agachados para poder acceder a los asientos que me parece que eran un total de 15 o 16. El acceso a la cabina de pilotos era abierto, por lo que podíamos ver todas las maniobras que allí se hacían y uno de los asientos era para la azafata que se sentaba en la última butaca.
Motores en marcha. ¡Que Dios nos coja confesados! Allí vibraba todo, parecía que los tornillos se iban a salir de un momento a otro. Uno detrás de otro (parecía una procesión de avioncitos) aguardaban su turno junto a la pista principal. ¡Allá vamos! ¡Y con niebla! Con la fuerza que hice con los pies seguro que faltó poco para hacer un agujero en el fuselaje y no digo de la que hice en el asiento delantero que me cogí a él como si eso me fuera a salvar la vida.

                                                    Interior del avión

Después de media hora y unos 140 Km., miré por la ventanilla y vi que íbamos junto a una gran montaña y aunque por más que doblara la cabeza para mirar hacia arriba, no conseguí ver su cima. Pero si pude ver por la parte delantera del avión la pista en la cual aterrizamos. Empezaba en un precipicio y continuaba siendo una pendiente hacia arriba. El aparato tomó tierra y continuó por la corta pista hasta dar la impresión que chocábamos contra la pared final, pero no, unos 25 metros antes dio un brusco giro a la derecha y nos encontramos en una especie de aparcamiento. En ese momento las 13 personas que íbamos como pasajeros rompimos en un sonoro aplauso. Estábamos en Lukla a 2860 m. de altitud.

                                                  Lukla y su aeropuerto

Un programa titulado “Los aeropuertos más extremos” fue emitido en el Canal de Historia en 2010, calificando a este aeropuerto como el más peligroso del mundo. Los factores que hacen que el "aeropuerto de Lukla" sea considerado el más peligroso del mundo son:
  • Estar rodeado de montañas
  • La longitud de la pista (solo 450 metros)
  • La pista tiene pendiente
  • La presencia de un muro al final de la pista, lo que hace que los aterrizajes sean muy arriesgados.
  • La presencia de un acantilado al principio de la pista
  • Estar situado a mucha altitud, lo que hace que les llegue menos oxígeno a los motores y tengan menos aceleración.
Recogida de equipajes y una visión triste y penosa. Por la parte exterior de la oxidada malla metálica que impedía el paso a la zona, las caras de decenas de sherpas se apretujaban contra ella en espera de que alguien les diera un trabajo de porteador. Un soldado armado guardaba la machacada y corroída puerta de la misma valla.

                                           Con un vecino de Lukla. El aeropuerto detrás

Salimos del aeropuerto y caminando por la única calle de Lukla nos dirigimos al establecimiento donde nos esperaban los que durante la aventura iban a ser nuestros compañeros, los sherpas, los guías y el eslabón más importante, el jefe de la expedición que afortunadamente para nosotros hablaba algo de español.

                                                                Calle de Lukla

Preparamos los bastones, comprobamos las mochilas individuales, nos aprovisionamos de agua y… ¿qué me pongo en la cabeza? Se me olvidó la gorra. Pero no pasa nada, en cualquier lugar que haya una casa, hay una tienda, y allí mismo habían muchas. Gorra comprada. Nos quedamos asombrados cuando vimos que nuestros jóvenes porteadores hacían un paquete con las maletas de tres de nosotros y se las echaban a las espaldas sujetas por una cuerda que se la pasaban por la frente con una especie de trapo. ¡Madre mía! Si apenas miden 1,60 y pesan 50 kg. Son como las hormigas, llevan más peso que el suyo propio.

                                                                Porteador sherpa

¡En marcha! Comenzamos el trekking. 
Teníamos por delante unos 9 km. Y unas 4 horas de camino y lo curioso es que comenzamos en Lukla a 2840 m de altitud  e íbamos a finalizar la etapa en Phakding que se encuentra a 2610 m. Parecía fácil pero no fue así ya que las subidas y bajadas eran continuas y alguna muy pesada. La primera parada fue en un puesto de policía para presentar nuestro permiso para poder acceder al Parque Nacional de Samargatha además de la tarjeta de control de trekkers, el guarda anotó en una libreta y ¡paso libre!
Los paisajes son toda una maravilla, mucho bosque, agua corriendo por riachuelos, paso por pequeñas aldeas y en sus entradas las famosas piedras con sus letras en relieve y los no menos fascinantes rodillos a los que hay que hacer rodar siempre en la dirección de las agujas de un reloj.

                                     Ruedas de plegaria escritas con el mantra om mani

                                                   Piedras talladas con textos

De pronto aparece un puente colgante. ¿Lo podré cruzar? A pesar de que tengo vértigo lo voy a intentar. Alguno de mis compañeros ya se encuentra en la otra parte. ¡Valor Paco! ¡Allá voy! Comienzo bien pero a medida de que me acerco al centro me da la impresión de que estoy quedándome paralizado. Intento no mirar hacia abajo. El miedo empieza a llegar a mi mente. Hay más personas que están cruzando en los dos sentidos y el puente se mueve demasiado. ¡Qué angustia! Alargo los pasos mirando hacia el frente. Se me está haciendo interminable. Cuando quedan unos 10 metros, la altura ya no es la misma y al darme cuenta sonrío y se me pasó todo. Ya he llegado a la otra parte ¡Qué mal lo he pasado!

                                                      Uno de los puentes colgantes

Pregunto al organizador si hay más puentes colgantes que cruzar y me responde: “seis o siete más”. Me quedé de piedra. “No podré cruzarlos”-Me dije- Ya veremos más adelante cómo me las ingenié.
Nos cruzábamos constantemente con porteadores que subían y bajaban, con reatas de mulos cargados con mercancías o enseres y con algunos yaks también cargados a las órdenes de sus dueños.
Por fin llegamos a Phakding. Nuestros sherpas ya hacía rato que lo habían hecho. Nos distribuyeron en las habitaciones y elegimos el menú para la cena. Aún nos dio tiempo de dar una vuelta por el poblado. 

                                                    Yo en la única calle de Phakding

lunes, 23 de mayo de 2016

Desafío Nepal (Mi experiencia) 1

Creo que fue por enero, o quizás febrero, cuando un día en la comida, mi hijo Vicente dijo: “En mayo me voy a Nepal”. Como un resorte dije: “Yo también voy”.
Ahí empezó lo que posteriormente fue mi aventura nepalí a través de Vicente Monerris o lo que es lo mismo “Alicante Aventura”.
Un par de meses de compras de materiales y ropa de montaña, licencia federativa internacional, documentación, ingresos para compra de pasajes y demás, etc.
Y llegó el día esperado.
El sábado 30 de abril sobre las 13 horas, en la estación del trenet de La Vila, Monerris, Yolanda, Ángela, Xente y yo, embarcamos hacia Alicante.
Ya en la estación de RENFE, esperando la hora de salida del AVE hacia Madrid, comenzaron a llegar los otros miembros de la expedición, Belén y Fernando, Ana Isabel y Víctor, Ana Belén, Joan y Juan.

                                        El grupo en pleno en la estación de Alicante

Presentaciones y camisetas conmemorativas del evento.
Alicante- Madrid- Barajas, y sobre las 23 horas salida hacia Katmandú vía Doha, capital de Qatar. Unas 14 horas de avión.


                                         Aeropuerto internacional de Katmandú
 
Ya en el aeropuerto internacional de la capital nepalí, relleno de impresos y pago del visado.

                                Sacando el visado en el aeropuerto internacional de Katmandú

Salimos del edificio y gran recibida con puesta de collares de flores. Subida al microbús (o lo que fuera) y primera gran impresión camino del hotel. La densa circulación de vehículos (sobre todo motocicletas) era, y es, un desbarajuste. Cada uno circula como puede o como quiere, no existen señales ni semáforos, es un caos pero para ellos organizado, nadie protesta, ni grita, ni hace aspavientos, todos se conforman y la paciencia domina todo lo otro.

                                             Recién llegados a Katmandú, camino del hotel. 

                                        Circulación en una calle de Katmandú

Llegada al hotel en un callejón sin salida, sin luz y sin asfaltar o pavimentar. Nos llama la atención un señor en una garita metálica, toda oxidada, con su uniforme estilo policial o militar y un machete en la cintura.

                                      Con el vigilante del hotel Thelma de Katmandú

Nos dicen que la electricidad en la capital casi no existe y el hotel se autoabastece con un motor, pero sobre la medianoche lo desconectan. Mucho calor y el aire acondicionado de la habitación es un ventilador. No hay ascensor pese a tener cinco pisos.
Ducha reconfortante pero no hay cortinas ni mampara. Cuarto de aseo todo mojado y encharcado.
Por fin en la cama.

viernes, 25 de marzo de 2016

Influencia vilera en los cuarteles de Cartagena.

Durante los primeros decenios del siglo XVIII, la marinería de guerra española tenía necesidad de efectivos, sobre todo de gente cualificada y por tal motivo y aprovechando su amistad para otras “sabrosas peticiones”, el comandante general del Departamento de Cartagena, Don Miguel Sada y Antillón, Conde de Clavijo, en una carta fechada el 3 de marzo de 1739, le pide al vilero Cayetano Aragonés, que le mande una mula y un mozo, además de unas perdices vivas (el conde aprovechaba su aprecio para degustar alguna que otra exquisitez vilera ya que de Villajoyosa se le remitían dátiles que muy probablemente eran recogidos de La Barbera así como miel y panes de higos).

                                           Carta del Conde de Clavijo. Año 1739

El vilero, hombre de reputada y probada influencia, evidentemente tenía numerosas peticiones de recomendación, ayuda y enchufe.
A la mayor brevedad se hizo con las perdices, la mula y mandó llamar a una de las personas que le había solicitado recomendación.
Para decidirse por la persona en cuestión, fueron dos los motivos que lo determinaron. El primer fundamento fue la penuria que estaba atravesando la familia del elegido y por tanto la necesidad que venían pasando. La segunda razón era la cualificación en marinería pues el individuo era patrón de barca.

                                                 Cuartel de Instrucción de Marinería (CIM). Cartagena Antigua

Llegado todo a su destino en Cartagena, el señor conde se apresuró a escribir a su amigo Aragonés una misiva de fecha 6 de abril del mismo año, en la que le comunicaba que su recomendado era una ruina, ya que solo servía para comer y esa era su mejor disposición, no obstante, por venir de donde venía, lo había trasladado al servicio del Intendente que al igual que él lo había desechado inmediatamente.

                       Año 1872. El Arsenal desde el Barrio de la Concepción. Cartagena Antigua

Aunque en este caso la persona influyente de Villajoyosa no calculó el hambre que su recomendado arrastraba, en Cartagena siempre se notó la mano precisa y a veces preciosa de un importante y trascendente vilero. Y muchos de los que allí hicieron su servicio militar lo saben.

                                  Jura de bandera de 1987 en el CIM. Periódico La Verdad.



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