jueves, 9 de junio de 2016

La primera nevada. Desafío Nepal (Mi experiencia) 6.

Dejamos Dole para seguir ascendiendo metros poco a poco. Hasta ahora el tiempo nos acompañaba y las mañanas eran claras. Comenzábamos la marcha bien equipados ya que el frio era llevadero con ropa adecuada, aunque a medida que avanzábamos nos íbamos despojando de alguna que otra prenda. La claridad o luz se iba acentuando y se hacía imprescindible las gafas protectoras así como la crema anti solar.

                                                                          Camino hacia Machhermo

El mal de altura también me iba pasando factura, ya que continuaba sin apetito y en la boca del estómago tenía algo (una molestia) que no dejaba pasar ningún alimento sólido. Seguía sin poder dormir y por las noches una especie de cefalea rondaba por mi cabeza. También sufría un dolor de espalda, cerca del cuello y de los hombros, pero solo cuando estábamos en los refugios después de finalizada la etapa diaria. No dormía y las noches las pasaba dando vueltas dentro del saco de dormir, al principio tapado hasta la cabeza por el frio pero al rato desabrochaba la cremallera para poder sacar los brazos. En multitud de ocasiones parecía que se me paraba la respiración y tenía que aspirar fuerte y rápido durante varias veces porque me faltaba el oxígeno.

                                           Poco a poco ascendíamos metros

Creo que verdaderamente me faltaba el oxígeno porque cuando me levantaba para ir al “aseo” (un cuchitril de madera de 1x1 en un rincón del final de un pasillo, con un agujero en el suelo), me solía desorientar y equivocarme de pasillo e incluso entrar en una habitación que no era la mía. Iba como flotando y sobretodo falto de memoria, incluso actualmente, muchos momentos de los vividos entonces, los mezclo, algunos son muy vagos o no los recuerdo. Creo que ya me afectaba el mal de altura pero la aventura era interesante para continuarla.

                                 A esas alturas la vegetación empieza a desaparecer.

Los paisajes por las zonas que atravesábamos eran dispares. Pasábamos por sitios donde no había vegetación, ni árboles ni matorrales. De pronto aparecía una superficie con unos árboles en los que colgaban unas preciosas flores rojas. Nos cruzamos con un nativo que llevaba en la mano una de esas bonitas flores y se la regaló a Ana.
De repente los árboles dejaron de verse y solo algunos matorrales se alzaban por los eriales del Himalaya. Algunos grupos de yaks pacían en las escarpadas laderas de nuestro sendero que en algunos tramos (debido a desprendimientos del terreno, posiblemente por el terremoto del 2015) se estrechaba factiblemente a menos de medio metro.

                    Uno de tantos puntos llenos de banderas que se consideran sagrados

Debía de ser sobre el mediodía cuando alcanzamos un collado y divisamos un pequeño poblado. Era Machhermo, nuestro próximo punto de parada y descanso hasta la jornada siguiente. 

                                 A medida que avanza el día la niebla va apareciendo

Pero aún teníamos que avanzar por un desnivel de bajada para cruzar un reducido puente que vadeaba un pequeño riachuelo de aguas cristalinas. Después de cruzarlo había que subir la senda (allí todo es subida y bajada) que llevaba hasta el poblado, que como todos los de por allí se sitúan en pendiente. La humedad era palpable. Cuando entramos en el recinto exterior del refugio-hostal vimos que tres o cuatro mujeres estaban haciendo la colada en unos barreños cuya agua era llevada allí por dos mangueras.

                                              Foto del grupo con uno de nuestros destinos a nuestras espaldas

Algunos de mis compañeros/as al ver a las lavanderas se alegraron e hicieron algunos comentarios sobre el tema. Después de dejar las cosas en las respectivas habitaciones, salieron al punto donde estaba instalada “la lavandería” y se pusieron a lavar la ropa que hacía ya algunos días estaba necesitada de ello.

                                 Miembros del grupo lavando su ropa en Machhermo

Yo también tenía algunas prendas que necesitaban un lavado, pero la verdad es que no me apetecía ponerme en cuclillas a fregar después de más de cuatro horas de caminata.
Le pregunté a Nangel (el jefe de los sherpas y guías) si algún muchacho suyo podría lavarme la ropa y me contestó que sí. Le di un pantalón, una camiseta, un pañuelo y unos calcetines, además del jabón. El poco rato vi que lo estaba tendiendo y me dirigí a Nangel. –“Dime cuánto le tengo que dar”- -“Dale 200 rupias”. Saqué dos billetes de cien y se los entregué a él mismo para que se los diera a Jambo. Estuve pendiente de la reacción del sherpa lavandero y cuando tuvo en sus manos los dos billetes, sus ojos y su cara se encendieron de satisfacción. Quizás mi decisión de no querer lavar la ropa no fuera la más apropiada, pero estoy seguro que con ello contribuí a alegrar o por lo menos a contentar a una persona que seguro necesitaba ese dinero. ¡Ah! 200 rupias equivalen a 1,60 euros.

                                                                               En Machhermo con Ángela

Por primera vez desde que iniciamos la aventura se puso a nevar. El panorama en el exterior del refugio era de una hermosura especial. A través de los cristales de las ventanas del salón-comedor se veían caer los copos de nieve que iban formando un manto blanco sobre el verde suelo y los yaks que estaban a cinco o seis metros de nosotros, con los torsos blancos, ni se inmutaban, incluso se recostaban en el nevado suelo. Solo fueron unos 15 minutos de blanca precipitación.

                                         Una Nak curioseando a Xente

Algunos de nosotros corrimos al exterior para recoger la ropa recién lavada pero Nangel nos paró diciendo que lo dejáramos, que no pasaba nada y que la ropa se secaría. Así fue porque antes de la cena recogimos las prendas y ya estaban secas, aunque muy frías.
Era comprensible que hiciera frío y nevara ya que nos encontrábamos a 4.470 metros de altitud. 

                                       Tres de las cinco valientes mujeres del grupo

lunes, 6 de junio de 2016

Desafío Nepal (Mi experiencia) 5. Pasamos de los 4000.

Salimos temprano de Namche Bazar ya que nos esperaba una larga jornada y además íbamos a rebasar los 4000.
Por las mismas calamitosas calles que recorrimos el día anterior, llegamos al mismo cruce de senderos donde se encontraba el gran rodillo religioso que la tradición dice que hay que hacerlo girar al menos tres veces en el sentido de las agujas del reloj y en cada vuelta suena una campana. Así lo hice.
Continuamos por el sendero contrario al de ayer. Menos mal. En apariencia se intuía mucho más llevadero. En algunos tramos se ensanchaba y podía sobrepasar los dos metros. Íbamos de charla y el día también acompañaba. Caminábamos en paralelo a un rio hasta que nos desviamos hacia arriba. Mi moral, que ayer estaba bajo mínimos, hoy estaba por las nubes.

                                     Estupa junto al sendero. xcitefun-khumbu-valley-6

Pasamos junto a una estupa (stupa, símbolo religioso) agrietada por el terremoto del pasado año. Por tramos con cercados de piedra seca que en algunos pacían los yaks y en otros parecían bancales para cultivar, aunque, como ya dije en algún capítulo anterior, la tierra es de muy mala calidad y a medida que se asciende, peor. Pero aún así los paisajes son preciosos.

                                         Campos estériles cercanos a los 4000 m.

Después de tres o cuatro horas de camino llegamos a un punto llamado Mongla, a 3900 m., donde hay dos o tres cabañas- refugios- restaurantes- tiendas, con otra estupa agrietada. Allí hicimos un descanso para tomar el té con jengibre y de pronto comenzó a caer agua nieve. Preparamos los paraguas e impermeables, pero no hizo falta utilizarlos porque fue una falsa alarma. 

                                                                      Pequeño refugio de Mongla

Continuamos subiendo tramos escalonados y por fin llegamos a nuestro punto de destino de esa jornada. Dole, a una altura de 4200 m. Todo verde y donde los yaks y naks se ponen “morados” comiendo su fresca hierba. 

                                                                   A más de 4000 m. y aún hay escalinatas

Distribución de las habitaciones y a reclamar una ducha. Solo se disponía de una y además la encargada del refugio o lodge arrimó una bombona de gas junto al cuchitril de madera donde decía que estaba la ducha. Hacía frio y mientras esperaba mi turno decidí darme un pequeño paseo alrededor de las cabañas para ver pacer a los yaks. Me encantaron las pequeñas y preciosas florecillas entre el lindo prado verde, parecía el césped de un buen cuidado campo de fútbol.

                                          Una Nack (hembra del yak) en Dole

Me llamó la atención una bandada de cuervos que revoloteaba a lo lejos y la mayoría de ellos se paraba en unas escarpadas rocas y dando saltos se trasladaban de un sitio para otro. Me vino a la mente lo que nos contestó el organizador nepalí en Katmadú cuando le preguntamos qué hacían con los muertos ya que no habíamos visto ningún cementerio.
Bueno, este tema creo que es mejor dejarlo, ya que es muy desagradable.

                                                                                  La llegada a Dole

Vuelvo al tema de la ducha. Vi a mi compañera Ángela y le pregunté si se había duchado. Su respuesta fue: “Si, pero te aconsejo que no lo hagas”. Hice un gesto de interrogación y continuó: “Me he tenido que duchar agachada y además cae un hilito muy fino de agua que apenas me ha llegado a las piernas” “Con tu estatura no sé cómo te tendrás que poner y además, seguro que el agua no te va a llegar a la cintura”. Pues con el frio que hace, un chamizo agrietado en el exterior y el agua que cae con cuentagotas, que se duche “Rita La Cantaora”.

                                         El grupo en Dole a 4200 m. de altitud

Después vino la cena alrededor de la estufa que funcionaba con excrementos secos de yak, unos cuantos juegos y unos cuantos bailes con nuestro porteador Jambo. Fue divertido, aunque a una pareja de británicos que también hacían noche allí no les gustara y se fueran profiriendo algún que otro improperio en su idioma. Nosotros estábamos contentos porque, entre otras cosas, habíamos pasado de los 4000.


                                            Una estupa en el camino

jueves, 2 de junio de 2016

Desafío Nepal (Mi experiencia) 4. Aclimatación

La cuarta jornada la dedicamos a la aclimatación pero no por ello la pasamos haciendo compras en plan turismo. Desde Namche Bazar a 3440 m. realizamos una subida hasta el hotel japonés que se encuentra a 3880 m. de altura para volver al punto de partida. Dicen que es conveniente para la adaptación a la altura que después de una subida se debe de pernoctar en un punto más bajo. Si lo dicen, así será.

                                   Con un trabajador de la piedra de Namche Bazar

Después de desayunar y dar un tiempo para las necesidades personales, salimos sobre las 8 de la mañana. El día era claro, sin nubes, el paisaje por los cuatro puntos cardinales era estupendo. Pasamos por varias calles empedradas y escalonadas sin que ninguna siguiera norma urbanística ni lógica alguna. Los estimados y apreciados excrementos de los yaks proliferaban por doquier y también los de caballo y mulos, ya que estos últimos eran utilizados como fertilizante para enriquecer la pobre tierra de cultivo (muy arenisca) y aún así las pocas verduras que se veían cultivadas eran muy exiguas. 

                                                                      Una nativa de las montañas himalayas

Después de 15 minutos llegamos a un cruce de senderos en una de las partes más altas del pueblo. Unos minutos de descanso, quitarnos guantes y alguna pieza de abrigo y hacer girar el gran rodillo religioso que guardaba esa entrada-salida del pueblo.
Comenzamos la subida. No sé el porcentaje de desnivel de la dichosa pendiente, pero seguro que es de más del 30%. El jadeo no se hizo esperar, me faltaba el aire, o mejor, el oxígeno. Dichosa rampa, no se acababa nunca.

                                                                 Namche Bazar rodeado de montañas

Después de más de dos horas, exhausto, llegamos al hotel japonés, precioso. El recorrido total podrían ser unos dos km. y medio por lo que podéis imaginaros cómo es la pesada subidita.

                                   El grupo, en la terraza del hotel Everest View

Nos sentamos en una terraza exterior muy soleada. Nos trajeron un té y lo degustamos al mismo tiempo que admirábamos algunos picos nevados que había en rededor. Me encontraba muy cansado y cuando nuestro jefe de expedición dijo que íbamos a realizar un gran descenso hasta un colegio que fue muy afectado por el terremoto del pasado año, le dije: “¿Supongo que después tendremos que deshacer lo caminado volviendo a subir por ese gran desnivel?” “Si” –me respondió- “Pues yo no voy” ”Prefiero volver al refugio y descansar” “Ya he subido hasta aquí y le he ganado casi medio km. a las montañas, que es de lo que se trataba” –le dije-.

                             Desde la terraza del hotel Everest View. Foto de Oleg Dubinets

“Vale Paco, efectivamente de lo que hoy se trata es de ganar metros a la montaña para aclimatarnos y volver a bajar al punto de partida” “Que un guía te acompañe y os bajáis hasta el pueblo”.

                                      Uno de los picos que nos rodeaban

Así lo hice. Mientras ellos iniciaban el descenso hacia la parte opuesta, yo, junto con un guía volvía tras mis pasos e inicié el descenso hacia Namche Bazar. La bajada era muy dura por la pendiente, más que pendiente parecía un barranco, se me hizo interminable. Creo que comenzaba a notar el bajón físico, seguramente porque ya llevaba unos días sin poder dormir.

                                  Se aprecia el desnivel después de 15 min. de subida

Llegamos al refugio-hotel y directamente me metí en la cama, aunque seguía sin poder dormir, descansé un poquito. Lo necesitaba. Llegó el resto del grupo y me llamaron para comer. Bajé al comedor e intenté comer algo, pero solo pude tragar un poco de sopa de ajo.

                                             El pico Ama Dablam

Después de comer fuimos al monasterio para ver rezar a los monjes pero aún no estaban en sus lugares de rezo y decidimos ir a dar un paseo por el pueblo y tomar un té con algún dulce. Así lo hicimos. También aproveché para comprarme un plumífero, ya que por las calles hacía frío y solo tenía la ropa de marcha. Creo que hice una buena compra.

                                   Monasterio de Namche. www.miguelenruta.com

Volvimos al monasterio y entramos en la sala de rezo. Nos sentamos y enseguida nos ofrecieron un té, cosa que tomamos. Al poco rato nos ofrecieron un sándwich y pastas. El murmullo de todos esos monjes daba a la sala un ambiente “gregoriano”. Vimos a una persona que se iba presentando a cada uno de los monjes, interrumpía su rezo, llevaba un fajo de billetes en su mano izquierda y después de decir unas palabras al monje de turno, les daba un par de billetes que éstos guardaban en su faltriquera.



                                               Monasterio de Namche Bazar. gmpatapumparriba.blogspot.com

Antes de irnos tuvimos que ir al centro de la sala donde estaba la imagen de Buda con una gran vasija o ensaladera delante, llena de billetes y después de una pequeña inclinación con las palmas de las manos juntas, depositamos en la dichosa ensaladera unos billetes cada uno. Un gran montón de billetes pero de poco valor al cambio en euros (un billete de 100 rupias son 80 céntimos de euro).
Volvimos a dar otro paseo por el pueblo y vuelta al refugio para cenar y después otra partida de “sexillo”. Pronto a la cama porque al día siguiente nos esperaba otra dura jornada.

                                     Las vistas compensan el esfuerzo