lunes, 20 de julio de 2020

El algarrobo que sirvió de refugio al bandolero Pinet.


El gran esplendor del bandolerismo valenciano (se les llamaba “roders”) se produjo en el siglo XIX, seguramente a causa de las guerras, el hambre, la opresión y las miserias. La mayoría de ellos eran conocidos por su apodo. Sus historias y relatos han llegado a nuestros días como leyendas románticas en las que robaban a los ricos para repartirlo entre los más pobres (recordemos al famoso bandolero de la televisión “Curro Jiménez”). Uno de los más significativos bandoleros valencianos fue “Tona de Pedreguer” que, traicionado por uno de sus hombres, fue abatido por la guardia civil y actualmente una calle de Pedreguer lleva su nombre, dignificando o admirando de este modo la figura de un proscrito, cosa muy poco objetiva.
Pero el bandolero que nos ocupa ahora, es el de la Marina Baixa, o sea, el de Finestrat, y sobre él, en el periódico “Las Provincias” de fecha 23 de noviembre de 2014, el periodista Óscar Calvé Mascarell, escribió lo siguiente:

Pinet el bandido. Fulles Groges. Canal Nou

José Martorell Llorca (1868-1909), alias 'Pinet', es uno de los últimos 'roders' valencianos y encarna el ideal del bandolero noble. Nacido en una familia acomodada, el destino le situó al margen de la ley. Cumpliendo el servicio militar recibió una paliza de un sargento. En su venganza mató al suboficial que le había maltratado y aprovechó la ausencia de testigos para intercambiar los documentos identificativos, sin foto en aquel tiempo. A efectos oficiales, Llorca había sido asesinado por su antiguo superior. Sólo sus vecinos de Finestrat sabían de la nueva vida de Pinet. Como en un guión de aventuras, un sacerdote solicitó la ayuda de Pinet para repartir justicia y bienes usurpados por los terratenientes locales. Fue el rector de La Nucia, Andrés Devesa Pérez 'Retor Poma', quien pidió auxilio. El bandolero formó una banda con su hermano y otros integrantes. Su objetivo eran diligencias de ricos que cruzaban las sendas que él dominaba a lomos de su caballo. Este botín sí se repartía entre los necesitados. El ingenio de Pinet y la ayuda de la población campesina le salvaron en más de una ocasión de la Guardia Civil, que llegó a enviar a 27 miembros a la Sierra de Aitana para capturarlo. Pinet es entonces el enemigo público número uno de los ricos propietarios de la zona, quienes instan a las fuerzas de seguridad a acabar con él. Paralelamente, su creciente fama de gallardo le transforma en objeto de deseo femenino. El final del bandolero fue, como su inicio, fruto de una mentira. El gobernador de Alicante se comprometió a perdonar a Pinet si este se entregaba. Era un engaño. Tras la rendición, a Pinet sólo le aguardó el penal de Málaga y Ceuta, en el que moriría el 1 de noviembre de 1909, tras disfrutar de un breve período de libertad.

Certificado de bautismo de Pinet el bandolero

Una parte muy importante de la historia de los pueblos la van proporcionando las personas mayores o de avanzada edad a través de sus relatos, sus escritos, las narraciones de sus vivencias y sus experiencias vividas a través de los años. Los relatos de estas personas son patrimonio intangible y por tanto una herramienta fundamental y valiosísima para conocer la historia del pueblo.
 A través de alguno de esos relatos, de personas que ya no están entre nosotros, pude saber el lugar exacto (dos de ellos) que Pinet utilizaba como refugio para ocultarse ante la presencia cercana de la guardia civil. Porque varios fueron los sitios y lugares que el famoso bandolero Pinet tenía como referencia para esconderse y despistar a la guardia civil, al igual que varias serían sus rutas para desplazarse.
Extensa fue la zona por donde discurrieron sus días de actividad y, cómo no, también de respiro y descanso.
Uno de los lugares por los que solía rondar con bastante frecuencia, fue por su pueblo natal, Finestrat. Desde allí, a menudo, transitaba hacia Villajoyosa, y viceversa. En esas rutas de tránsito es donde aún siguen esos dos refugios, afortunadamente, conocidos por mí.
Hace ya muchos años (demasiados, diría yo), acompañé a mi padre a una finca en la partida Arginenc de Villajoyosa, lindando con el término de Finestrat. Los que conocieron a mi padre saben que era leñador. Los propietarios de terrenos o fincas le requerían para que les hiciera el trabajo de arranque y limpieza de árboles viejos o deteriorados con el fin de replantar la tierra con nuevos y jóvenes ejemplares.
Al llegar al sitio convenido, su propietario, Don Pedro Soriano, estaba esperándonos.

La caseta de Don Pedro en el Arginenc

Después de los protocolarios saludos nos invitó a que lo acompañáramos por los bancales. Mientras caminábamos, Don Pedro iba señalando los árboles que mi padre tenía que eliminar de las parcelas. La mayoría de ellos eran algarrobos centenarios, tal vez milenarios.
¡Qué pena! Pensé yo. Tener que aniquilar y destruir estos seres que han vivido multitud de épocas y generaciones.
Alargando el brazo, señalaba con el dedo: “Este”, “este también”, “aquel de allí” …
En un momento dado, mi padre le dijo: - “Don Pedro, ¿y ese que se ha dejado?”
- “No, ese no”- Respondió el dueño de la finca. – “En ese, Pinet se escondía de la guardia civil y quiero conservarlo”.

Algarrobo de Pinet en la finca de Don Pedro Soriano.

Me quedé sorprendido. Segundos después le pregunté a Don Pedro: - “¿Por qué sabe que ahí se escondía Pinet?”. – “En multitud de ocasiones mi padre me lo recordaba siendo yo un niño”- Contestó.
No me acuerdo con exactitud de las fechas, pero ese momento transcurrió allá por principios de la década de los setenta del pasado siglo. Mi padre, conocido como Francisco El Llarg o El Largo de L’Ermita, tendría unos cuarenta y tantos años y Don Pedro habría pasado de los setenta, por lo que es muy probable que su padre conociera personalmente al famoso bandolero Pinet.

Interior del algarrobo de Pinet

Hoy, en pleno año 2020, ese longevo algarrobo, posiblemente plantado por un árabe de Al-Ándalus, aún sigue viviendo en el mismo lugar. Esperemos que por muchos años más.

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martes, 29 de octubre de 2019

Don Miguel Buforn Arques, el médico de los campesinos, y la carta del Más Allá.

A lo largo de la historia, la gente que ha habitado el barrio de La Ermita, los ermitaños, han sido gente humilde y campesina. De entre estas modestas familias, también han surgido insignes i altruistas personas que han dejado su huella en pro de sus paisanos.
En este apartado están, Don Álvaro Esquerdo, famoso médico y cirujano, además de benefactor, que junto a su hermano Pedro, hicieron varias donaciones al pueblo vilero a lo largo de sus vidas.
Don Tomás Ortuño “Saleta”, otro médico que, aunque nació en L’Aixiuili, se consideraba ermitaño, se casó con Doña Ángela “la senyoreta” (otra ermitaña) y se instalaron en el centro de La Ermita, en el lugar donde los que tenemos más de 60 años conocimos y llamábamos “la barandilla” (junto a la actual farmacia). ¡La de kilómetros que se recorrió por los caminos y sendas rurales del término municipal para visitar a sus enfermos!
Recuerdo a Don Gaspar Ortuño, el practicante y barbero de La Ermita. Con su moto Guzzi 65 del año 1953 recorría la mayoría de las partidas rurales de los alrededores (Era Soler, Alcocons, Xauxelles, Mediases, Aixiuili, Tosalet de Melases, etc.). En su casa y clínica siempre había gente que acudía para ser asistidos por Don Gaspar.

                                                                              Moto Guzzino 65 de 1953

Pero además de estos ermitaños, hubo otros vileros que, con su labor altruista, hicieron mucho por las personas que entonces vivían en el campo, agricultores, campesinos y sus familias. Uno de esos médicos rurales fue Don Miguel Buforn Arques. Don Miguel nació en Villajoyosa a finales del siglo XIX, hijo de agricultores, y quizás fue esa la causa por la que dedicó su vida profesional a ayudar a los demás. Fue una persona muy generosa con los necesitados. Cuando acudía a visitar a un enfermo, sabiendo que no tenían para pagarles, al despedirse decía: Ja traurem conters altre dia que ara tinc presa!  Pero antes, sin que nadie se diera cuenta, ya había dejado debajo de la almohada del enfermo, alguna que otra moneda. Una grave enfermedad acabó con su vida allá por los años 50 del pasado siglo.

La breve historia de a continuación, es una mezcla de realidad con algo de ficción, pero creo que define perfectamente la figura de un gran médico y mejor persona. Relata la generosidad y el altruismo de Don Miguel Buforn con los más necesitados, pero quiero que también sirva como homenaje a todos los vileros y ermitaños en particular, que cuando tuvieron ocasión, se volcaron en pro de sus paisanos. 

                           Esta es la historia

Un día, como cualquier otro, Don Miguel salió de visita para reconocer a sus enfermos, diseminados por toda la huerta vilera.
Casi a diario, en esa tarea empleaba varias horas, ya que el territorio es extenso y, además, en ese tiempo, los caminos y sendas no eran todo lo espaciosas y despejadas que lo son ahora.
Ese día alargó su recorrido hasta el borde del río Torres. Allí, en una casona que estaba sobre el ribazo que forma su rambla, vivía Gaspar Mingot “El Madero” y su familia. Betriu, su mujer, y sus cuatro hijos, tres varones y una hembra. Madalena, que así se llamaba la hija, tenía 25 años.
Gaspar era el “mediero” de esa finca, propiedad de una importante familia de Villajoyosa.

                                                                Casa junto al río Torres donde vivían los Maderos.

Madalena ayudaba a su madre en las tareas de la casa y a menudo sacaba al pastoreo un pequeño rebaño que tenían. Llevaba siete años festejando con Pepet, un joven labrador dos años mayor que ella.
En ese tiempo, la vida era muy dura, sobre todo para las personas que trabajaban y vivían del campo. Sus trabajos apenas les daba para sobrevivir.
Pepet y Madalena habían hecho cientos de cábalas, cálculos y suposiciones para poder casarse y formar su propia familia, pero ¿cómo, si apenas tenían para poder comprarse unas alpargatas?
Una tarde, al igual que otras muchas, Pepet fue al encuentro de Madalena, ya que sabía las zonas por las que solía pastorear.
 ¡Madalena! ¡Madalena! ¡Ja tinc la solució! – Le gritó antes de llegar a su altura.
¡M’ha dit Rafel, el cosí de Kiko “el Mayoro”, el que se’n va anar a Amèrica, que el seu cosí guanya els diners a cabassos! ¡Que segurament l’any que ve, torne a casa i en portarà un sac! ¡I aixó que soles fa quatre anys que se’n va anar!
Madalena estaba inmóvil, sin apenas pestañear y con la mirada fija en Pepet.
¡Pero Pepet, aixó són molts anys més esperant poder casar-mos!
¡No, soles serán tres, i aixó passa volant! – Contestó Pepet - ¡Quan torne ric, viuràs com una reina! ¡Seràs l’enveja de totes les xiques de La Vila! ¡Ens comprarem una casa i un xicotet hortet perquè t'entretingues en ell i tindrem cinc o sis xiquets!
Las palabras de Pepet ilusionaron a Madalena. Se fundieron en un abrazo con beso incluido, no sin antes mirar en todas las direcciones para asegurarse de que nadie pudiera verlos.
Pepet arregló todos los papeles necesarios y en tres meses embarcó en Barcelona rumbo a las Américas. Su destino, Nueva York. Casi tres semanas en medio del océano, y después de seis días más de penalidades con las autoridades inmigratorias, se trasladó a Boston, unos 350 Km. más al norte.
Mientras Pepet trabajaba como “un burro” en la construcción, que era la industria más creciente y donde más se ganaba, aunque también era una de las más peligrosas por la falta de seguridad en las obras, Madalena contaba los días para juntar con ellos un mes, y así, decirle a alguno de sus hermanos que pasara por la estafeta del pueblo para preguntar si había carta de su amado y al mismo tiempo dejar allí la suya con destino a América. Mes tras mes, pasaron dos años hasta que dejaron de recibirse cartas de Pepet.
¿Por qué no escribe? ¿Habrá pasado algo? – Se preguntaban en casa de los “Maderos”.
Tres meses después, una carta con el matasellos de Boston (Estados Unidos), llegó hasta la partida del Clot, a la casa de José Martínez “el Caponet”, padre de Pepet. En ella se le comunicaba, que su hijo había fallecido el 10 de agosto, debido a una caída desde la planta décima de la obra en la que trabajaba.

                                                                Casa en la partida El Clot donde vivían los Caponet

El mismo José Martínez se desplazó hasta la casa del “Madero” para comunicar la fatal noticia. Ésta no solo dejó perplejos a todos, Madalena se derrumbó perdiendo el sentido. A partir de ese día, vagaba como una sonámbula.
Una fría mañana de primeros del mes de diciembre, estando Madalena haciendo la colada en el río Torres, que discurría a pocos metros de su casa, le sorprendió un pequeño aguacero, y a pesar de estar cerca de la vivienda, la dejó empapada. Llegó a casa y se cambió de atuendos, pero el efecto de la ropa mojada sobre el cuerpo y el frío ambiente invernal, hizo que Madalena enfermase.
Ese fue el motivo que llevó al doctor Don Miguel hasta la casa de Gaspar “el Madero”.
Don Miguel, com veu a la xiqueta? – Preguntó Betriu.
Totes les nits, ves posant-li al pit, un paper d’estrassa en oli calent. Ademés, ves fent-li a menut, fregues per l’esquena, d’aigua d’eucaliptus prou calenta. I ja vorem! – Replicó el doctor.
Bo Betriu, despús-demà tornaré, pero recorda, ben tapaeta i que cove eixe constipat! Que no salçe del llit per a res!
Pasaron más de dos semanas y Madalena no mejoraba.
Un día, cuando volvía de una de sus visitas, se encontró de cara con Gaspar, el padre de la enferma.
Bon dia Gasparet!
Bon dia, Don Miguel! Vull que em diga la veritat, com està la meua filla?
Malament, Gaspar! El constipat de la xiqueta s’ha tornat pulmonia, no menja res i la febra i la tos no se li’n van! Estic molt preocupat!
Pero…algo es podrá fer?
Mira “Madero”, no vull enganyar-te, ho tenim fotut! Madalena porta vint dies al llit i per compter de millorar, va empijorant!
Vol dir-me vosté que no es pot fer res? Que no hi ha solució?
Don Miguel puso su brazo derecho encima del hombro de Gaspar, y mirándole fijamente a los ojos, le dijo: A part d’un miracle, en el que no crec, soles n’hi ha una, i eixa és molt difícil.
Lo que siga Don Miguel! Lo que fassa falta per a salvar a la meua xica! – Saltó como un resorte Gaspar.
L’única esperança és un nou medicament que fa molts pocs mesos s’ha provat a Espanya! Està fabricat als Estats Units i és molt difícil aconseguir-ho! Els militars americans solen tindre-ho, pero… com aplegar fins a ells?
Gaspar agachó la cabeza y con los ojos llenos de lágrimas se despidió del doctor.
Tres días después del desalentador encuentro, apenas un par de horas después de la salida del sol, Don Miguel, junto a Toni, hermano de Pepet, aparecieron sudorosos, debido a la apresurada caminata que se pegaron por llegar cuanto antes a la casa de los “Maderos”.
Gaspar!! Betriu!! On esteu? – Gritaba la pareja mucho antes de llegar a la casa.
Madero!! Madero!! On estas, collons? – Resoplaba Don Miguel jadeando con poco aliento.
Normalmente, a esas horas, Gaspar debería de estar en plena faena del campo, pero no se sabe por qué, ese día se encontraba en casa.
Qué són eixos crits? Qui xilla d’eixa manera? – Dijo Betriu.
Salieron a la puerta de casa y vieron cómo la pareja se iba acercando velozmente.
Che, qué passa? A qué venen eixos crits? – Les preguntó Gaspar.
Gaspar!! Betriu!! El remei!! El medicament!! – Contestó Don Miguel levantando el brazo y enseñando un pañuelo con algo enrollado en su interior. No perdem temps!
Ya en el interior de la casa, el doctor sacó de su pequeño maletín negro una cajita metálica. Puso dentro de ella una aguja hipodérmica y derramó un poco de alcohol en su interior al que prendió fuego y de esa forma desinfectarla.
Cuando entendió que la aguja ya estaba esterilizada, la puso en una jeringa, donde previamente había vaciado el medicamento y lo inyectó en la debilitada paciente.
Ara a deixar que açó fassa la seua faena! Ben tapaeta i a esperar! – Dijo el médico.
Cuando salieron al patio exterior de la casa, los preocupados padres, le preguntaron:
Don Miguel, voste creu que aixó farà efecte? Per cert, qué li ha posat a la meua filla?
Don Miguel les respondió: Tenim que esperar 48 hores, en eixe temps, sabrem si la cosa va be o no! Jo tinc moltes esperances perqué eixe nou medicament ve dels Estats Units, i ja s’ha demostrat que fa milacres!
Pero…costarà molts diners! Com ha pogut aconseguir-ho? – Dijo Gaspar.
Che! Pos tens raó! Ni sé lo que val, ni sé com aplegat fins ací! – Contestó Don Miguel.
Che Tonet! – Dijo el doctor dirigiéndose al joven que lo acompañó hasta la casa de los “Maderos”. A vore, m’has dit que esta matinà, un “melitar” ha portat a ta casa una caixeta en la que duia la botelleta que hem utilitzat per la injecció, acompanyada d’una carta!  A més, vos a dit que aixó venia d’Amèrica i era penicilina! Que no hi havia temps a perdre, que buscàreu al metge i se la subministrara a Madalena, la malalta!
Aixó és el que m’has dit quan has aplegat a ma casa!
Si Don Miguel, aixina ha sigut, eixa és la pura veritat! – Contestó Toni levantando los hombros.
Jo he llegit el paperet que venia acompanyant la botelleta del medicament, i a pesar de que estava tot escrit en anglés, he pogut entendre les indicacions que ahí venen! – Dijo el doctor.
Sé que no és lo correcte, pero no teniem temps per a perdre i siga lo que Deu vullga!
Tonet, vine cap ací! A qui heu demanat açò? Qui era eixe “melitar”que vol ha portat?
Toni, con cara de extrañeza y asombro, levantó los hombros exclamando: Che Don Miguel, jo no sé res! Soles sé lo que li he dit!
Mare meua quin embroll! Tira cap a ta casa a vore que diu ton pare! – Dijo Don Miguel.
Hacia el Clot se fueron, no sin antes decirle a los “Madero” que estuvieran atentos a las reacciones de su hija y que volvería al día siguiente.
Llegados a casa de Pepe “el Caponet”, le vieron arando un bancal cercano y el doctor lo llamó, diciéndole que se acercara a casa. Así lo hizo y una vez en el interior, se sentaron alrededor de una mesa cuadrada, no sin antes llamar a la mujer del “Caponet”.
Anem a vore si puc entendre este embolic! – Se arrancó Don Miguel.
Pepe, dime! D’on heu tret el medicament?
L’ha dut este matí un “melitar” americà que está a l’Aitana! – Contestó Pepe.
Don Miguel se estaba poniendo colorado, miraba fijamente al “Caponet” con los ojos saliéndose de las órbitas.
I ja está? Aixó és tot? – Saltó el doctor.
També ens ha dut una carta, pero mosatros no saben llegir i l’hem deixat ahí damunt del moble! – Replicó Pepe.
Porta-me-la Tonet! – Dijo Don Miguel.
Don Miguel vio que el matasellos era de América y el remitente, José Martínez Lloret, el hijo de Pepe y novio de Madalena. Abrió el sobre. En su interior, una carta con caligrafía temblorosa y muchas faltas de ortografía.
Un silencio sepulcral. Las tres miradas de los “Caponet” fijas en Don Miguel y éste, apenas sin aliento y sin despegar los labios, con alguna dificultad, intentaba leer las palabras escritas en ese papel.
Qué diu? Qué diu? – Rompió el silencio Pepe.
A vore si puc llegir-la! – Dijo el médico.

Boston a 6 de diciembre de 1944
Mi siempre amada Madalena, se que no has dejado ni un solo momento de pensar en mí. Por mi parte, desde el momento que te vi por primera vez, cuando participaba en las cucañas de las fiestas de San Agustín de la playa, cada latido de mi corazón ha sido tuyo y ahora que no late, todo el inmenso amor que he ido acumulando, me mantiene en contacto contigo.
No quiero que vengas a acompañarme, necesito que vivas, porque cada palabra, cada paso, cada movimiento, cada momento de tu vida, va a ser una parte muy importante de este universo infinito movido por el amor. Y tú, dulce niña mía, eres todo amor. Tienes que dejar en ese mundo material la huella de tu paso por él. Esa huella que yo hubiera querido dibujar contigo y que un día perfilarás junto con otro hombre. Solo quiero que sigas siendo la suave, delicada y agradable mujer que grabó mi alma con la llama del amor y cuando llegue el momento, vendrás, yo te esperaré, porque toda la eternidad es poco tiempo sabiendo que algún día estarás a mi lado.
La medicina que te adjunto, te curará.
Michael es un amigo mío. Es un soldado americano y habla español. Lo conocí cuando iba camino de Boston y cuando me enteré de que lo trasladaban a España, a la base militar que los americanos tienen ahí en Aitana, me puse en contacto con él para que te llevara el medicamento. En Estados Unidos se está utilizando mucho y está salvando muchas vidas y los militares americanos lo tienen en todas sus bases por el mundo. Se llama penicilina.
Le he dado la dirección de mi casa porque es más fácil encontrarla y está más cerca de la casa de Don Miguel el médico.
Te dejo ya, siempre te querré. No estoy en tu mundo, pero siempre estoy contigo. Me marcaste perpetuamente con el fuego de tu amor.
                                                                                                             
                                                                                Tu Pepet


Aunque Don Miguel quería disimular, no lo consiguió. Los cuatro tenían los ojos llenos de lágrimas.
El meu Pepet, quant la volia! – Sollozó la madre.
De veres! Pero…mosatros no li hem dit mai que Madalena estaba malalta! Com ho haurà sabut? – Dijo Pepe, el padre.
En esos momentos, Don Miguel, fijó su mirada en la fecha del matasellos del sobre. Mare de Deu senyor! Açó cada volta es complica més! Com pot ser? – Clamó levantando los brazos.
Qué passa ara, Don Miguel?
Teniu encara la carta que vau rebre en la que vos comuniquen la defunció del vostre fill?
Trau-la, Maria! – Ordenó Pepe a su mujer.
María sacó la carta y se la dio a Don Miguel. Éste la leyó y volvió a mirar la fecha de la última de Pepet. Se quedó pensativo, como si se hubiera quedado con la mente en blanco.
Che Don Miguel, díga-mos algo!
No sé si estic tornant-me loco o m’ha tornat ja! – Dijo.
En esta carta vos diuen que Pepet va faltar el dia 10 d’agost! Madalena va caure malalta el 5 o 6 de decembre! I pareix que eixe mateix dia, Pepet li escriu i l’envia el medicament!
Hi ha algú que puga explicar açó?
Después de dos copitas de mistela, Don Miguel se despidió de los “Caponet”. Enfiló el camino hacia su casa que estaba en la Creueta y esa noche casi no durmió, dándole vueltas a la cabeza para intentar averiguar el misterio.
De madrugada, saltó de la cama como un resorte, sobresaltando a su mujer y diciendo: Ja está! La carta!
Esperó a que se acercara la salida del sol, los gallos cantaban y no pudo aguantar más. Me’n vaig a casa del “Madero” a vore a Madalena, pero antes passaré per ca'l “Caponet”!
Los primeros rayos del sol intentaban asomarse por “l’illa”, cuando llegó al de Pepe el “Caponet”. Pepe, soc jo, Don Miguel! Obri!
Don Miguel, que matiner! Passa algo? – Dijo Pepe abriendo el portalón de casa.
La carta, dona’m la carta que va dur el “melitar”!
María corrió a por ella y se la entregó.
Don Miguel se puso a leer de nuevo la carta, puso todos sus sentidos y su atención en ello y llegado a un punto, se quedó como petrificado. “y ahora que no late”, “No quiero que vengas a acompañarme, necesito que vivas”, “cuando llegue el momento, vendrás, yo te esperaré, porque toda la eternidad es poco tiempo sabiendo que algún día estarás a mi lado”, “No estoy en tu mundo, pero siempre estoy contigo”.
Dobló la carta, la puso en el sobre, se lo entregó a María y con un “bon dia” se fue alejando, camino del Secanet, hacia el Torres.
Llegó a casa de los “Maderos”, visitó a Madalena y comprobó que ya no tenía fiebre. Durante el tiempo que estuvo reconociéndola, cada vez que sus ojos se posaban en la joven, le parecía ver a Pepet sonriendo junto a ella. Dio unas consignas a Betriu. Dijo que volvería al día siguiente y enfilando una senda se dirigió hacia Mediases para seguir con su periplo de visitas.



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viernes, 30 de agosto de 2019

Préstamo particular para la baronía de Finestrat. Año 1711

Hace más de 300 años, la villa y baronía de Finestrat necesitaba dinero para poder hacer frente a alguna de sus necesidades. En ese tiempo poco debía recaudar su ayuntamiento y necesariamente, tres de sus ciudadanos asumieron tal necesidad y contactaron con un rico hacendado de Villajoyosa al que rogaron y solicitaron la ayuda en forma de préstamo para la baronía.

                                                      Villa de Finestrat

Llegaron a un acuerdo, pero el prestamista sabía que difícilmente el ayuntamiento de Finestrat le podía devolver la cantidad prestada, por lo que puso como condición imprescindible que los tres súbditos del barón respondieran con sus bienes e incluso con sus personas.

                                                       Calle de Finestrat

Aunque desconozco los motivos de la urgencia de la disposición monetaria, tendría que ser algo muy necesario, ya que Vicente Lorca, Miguel Lloret y Francisco Buforn, no solo reconocieron ante el escribano público la deuda contraída, deuda que se obligaron a zanjar el día de San Miguel Arcángel del posterior año, sino que además, en el mismo acto, renunciaron a todos sus derechos, instando ellos mismos a que se les condenara en caso de no hacer efectiva la cantidad prestada en la fecha acordada.

                Parte del documento en el que constan los testigos y la firma del escribano. Año 1711

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lunes, 5 de agosto de 2019

Préstamos a los hijos. (Documento de 1619)

Actualmente, muchísimos hijos viven de sus padres y ni por asomo les pasa por sus cabezas el devolver los que los progenitores les dan o hacen por ellos.
Seguro que en más de una ocasión han pedido dinero, olvidándose después de devolverlo, claro que, seguramente los padres no aceptarían esa devolución.
Posiblemente, este asunto haya existido desde que el ser humano puso los pies en este mundo, pero no siempre el dinero se ha dado de forma altruista, por lo que se ha tenido que devolver, o como mínimo reconocer.
Hace ya más de 400 años, una mujer vilera prestó dinero a su hijo y éste tuvo que reconocer por escritura pública la deuda contraída con su madre.
El documento adjunto es la escritura formalizada ante el notario Pedro Juan Lloret el día 8 de enero del año 1619.
Está escrita con una mezcla de valenciano y latín, pero se puede leer perfectamente, o no, en valenciano: que Gaspar Mayor, labrador de la presente villa de Villajoyosa (Vila Joyossa, con y), confieso y reconozco deber a Ángela Soler, mi madre, dieciséis libras moneda real de Valencia, por otras que me prestó. Las cuales prometo devolver y pagar.
Fueron testigos, Francisco Torralba y Pedro Lloret de Bernat, labradores de la dicha villa.


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miércoles, 26 de junio de 2019

Estado de la villa y encomienda de Orcheta en el año 1631

Debido al ruinoso aspecto que presentaba la casi totalidad de la villa de Orcheta, se personó en la localidad, Miguel Datos del Castillo, notario y procurador absoluto del administrador general por Su Majestad de dicho lugar y Encomienda de la orden de Santiago, Don Luís Ferrer y Cardona.
                                                                     Municipio de Arués. Fotografía de El Español

El día 27 de enero de 1631, con las justicias y jurados, y asistidos por el notario y escribano público, Gaspar Juan Avellán, recorrieron la villa. Lo que vio el procurador o representante del administrador del pueblo fue desolador.
Orcheta estaba destrozada, deshecha. Casi todo se encontraba más que deteriorado, arrasado. Incluso gran parte de sus tierras, sobre todo las de secano, eran un erial. Todo yermo y abandonado. Solo se salvaba una parte de la huerta.
El escribano fue tomando nota de las condiciones y aspectos de todas y cada una de las casas o viviendas de la población.
                                                                                              Orxeta y su huerta

Empezaron por la casa de la señoría o del comendador. Las puertas de la calle estaban rotas y agujereadas. Las puertas de la casa, la principal y seis ventanas, rotas y derruidas. La escalera principal se caía de su cubierta y muy demolida. En la sala, una viga de la cubierta del techo, quebrada. Las paredes con muchos carcomidos y agujeros entre los que se podía ver la calle. Todas las caballerizas sin puertas, el granero había desaparecido. En el suelo de la sala se encontraban cuatro vigas rotas y casi todas podridas y carcomidas.
                                      Casa del comendador de Orcheta a principios del siglo XX. Panel informativo del ayuntamiento

Continuaron por el molino de abajo que era de la señoría, no había muelas para moler. Las paredes medio derruidas. La caballeriza con el techo derrumbado. Faltaban las herramientas necesarias para que el molino funcionara y además no tenía puerta.
                                                                         Restos del molino harinero de abajo en Orxeta

Siguieron por la iglesia, que estaba labrada de tapial (pared que se hace con tierra amasada). La sacristía sin puerta y sin tejas. En la terraza, dos ventanas bajas a las que les faltaban las rejas. No había cáliz para celebrar la misa y cuando lo necesitaban lo pedían prestado de Villajoyosa.
La casa abadía para el cura, muy destruida. El arco del patio con grietas y aberturas. Y la salita, apuntalada para que no cayeran las vigas del techo. Las paredes derruidas. Allí vivía el párroco y Andrés Buforn, su padre, que tuvo que trasladarse allí porque su propia casa estaba destrozada e inhabitable.
                                                                    Junto a la iglesia de Orxeta hubo casas pegadas a ella.

El horno estaba muy viejo, las paredes con numerosas aberturas, se caían. El techo con agujeros. El lugar donde se cocía el pan, sin enlosar.
La carnicería estaba asolada y no servía para nada.
A continuación, pasaron a visitar las 42 casas que, juntamente con las ya mencionadas, formaban el núcleo poblacional, tomando nota del nombre del propietario y el estado en la que se encontraban.
Solo contabilizaron 11 viviendas habitables, aunque alguna necesitaba de reparaciones.
Las restantes presentaban paredes derruidas, vigas rotas, techos caídos o apuntalados, agujeros en los tabiques e incluso algunas de ellas eran ya solares. Sus dueños o habitantes, a pesar de que los edificios se encontraban en perfecta ruina y destruidos, seguían sin abandonarlos, refugiándose en alguna zona de los mismos que les permitiera cobijarse y medio resguardarse de las inclemencias meteorológicas.
                                                                              Obras en la calle Mayor de Orcheta. 1905

Los 11 vecinos de Orcheta que disponían y vivían en casa apta para habitar, eran:

Francisco Zaragoza de Jayme                                      Diego Valverde
Hijos de Francisco Soriano                                           Antonio Soriano
Jayme Ferrandes (Ferrándiz), mayor                           Jayme Aragonés
Antonio Galiana                                                             Rafael Bas
Miguel Ortuño                                                                Joan Llorca de Pedro
Pedro Monllor (Era propietario de otra casa medio derruida, alquilada a Luís Iváñez)

Esta es la relación de los propietarios de las restantes 31:

José Morales                                                                 Gerónimo Avellán
Antonio Baldó, mayor                                                    Jayme Sellés
Melchor Avellán                                                             Francisco Sellés (de la huerta), 2 casas
Antonio Ferrandes (Ferrándiz)                                      Vicente Llorens
Antonio Baldó, menor                                                    Tomás Pérez
Bartolomé Pla                                                                Vicenta Mila (viuda de Gerónimo Ferrer)
Hipólito Lloret                                                                Jayme Orts
Pedro Lloret                                                                   Francisco Zaragoza
Joan Iranz                                                                      Pedro Soriano
Francisco Soler                                                              Miguel Zaragoza
Jayme Ferrandes, menor                                               Benet Buforn       
Pedro Llorca (la casa perteneció a Pedro Forges)        Antonio Martínez
Luís Iváñez                                                                     Vicente Pastor
Cristóbal Ferrandes                                                        Andrés Buforn
Ausías Llinares                                                  Pedro Monllor (Casa alquilada a Luís Iváñez)

                                                         Caserío derruido en la huerta de Orxeta

De todo ello, dio fe en pública escritura, el requerido notario de Villajoyosa que, desplazándose hasta Orcheta con dos notables personas, a las cuales rogó fueran testigos, el también notario Pedro Juan Lloret y el sastre Jayme Esquerdo, redactó dicho documento que cuatro meses después fue revalidado por otros tres notarios.
Raro es que en esa relación de propietarios no aparezca ninguno con nombre morisco, ya que solamente habían pasado 22 años desde la expulsión decretada por Felipe III en el año 1609 y nos consta que en Orcheta alguno había.
                                                                   Documento de la descripción de Orcheta en el año 1631 

Lo que no puedo afirmar es si esta descripción sobre la situación física de la encomienda sirvió para algo, aunque lo cierto es que la actual iglesia se construyó entre 1759 y 1761, es decir, 128 años después (según el panel informativo del ayuntamiento de Orxeta). Pero parecen muchos años los que transcurrieron entre ambos momentos para pensar que tuvo algo que ver entre ellos.
Evidentemente, todo lo demás que se indica en este documento del siglo XVI, durante el transcurso del tiempo se ha ido reformando o arreglando (la abadía, el horno, la carnicería, la casa del comendador, las viviendas). Bueno, quizás todo no. Dudo mucho que el molino de abajo haya sufrido alguna reparación desde entonces.
Pero afortunadamente, en la actualidad, es un placer pasear por las arregladas y lindas calles de Orxeta.

                                                  Primera página del documento de la descripción de Orcheta en el año 1631


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