viernes, 7 de julio de 2017

¿Realidad o ficción?

Este relato ha sido publicado en la Revista Oficial de Fiestas de Moros y Cristianos 2017 de la Asociación Santa Marta de Villajoyosa, en su apartado "Racó Literari".


Paula ya había conocido la mansión de La Barbera con anterioridad. Estuvo allí empleada desde mediados del mes de junio del año 1978 hasta principios del 80. Durante ese año y medio, en ocasiones, había notado e incluso sentido alguna rara sensación.
Al principio, cuando Consuelo, la cocinera, tenía un ratito libre, buscaba a Paula para chismorrear con ella y ésta aprovechaba para contarle las cosas raras que oía o sentía. La respuesta de la cocinera siempre era la misma, “Tonterías, ves muchas películas y te sugestionas con facilidad” “Aquí todo está muy tranquilo y nunca pasa nada”.
Paula no la rechistaba, pero continuaba con “la mosca tras la oreja”. Antes de entrar a trabajar allí, alguien le había dicho que una de las máximas de la noble familia, propietaria de La Barbera, era: “Oír lo justo, ver poco y callar siempre”, y eso había que tenerlo muy presente si quería conservar el empleo, por cierto, muy necesario para Paula.

                                             La Barbera. Foto de Ana Llinares

En 1980, por motivos muy personales, Paula, tuvo que despedirse del trabajo y tres años después acudió a Doña Antonia para solicitar de nuevo su anterior empleo.  Cuando la señora vio que Paula iba acompañada de una niña, que en esos momentos tenía 3 años, no lo dudó y le ofreció no solo trabajo sino también vivienda para las dos.
Por allí todo continuaba igual. Madre e hija, coexistían con “rarillos” sucesos que en ocasiones ocurrían, pero al familiarizarse con ellos llegaron a considerarlos “normales”.
Unos años después, Consuelo, la cocinera, le comunicó a los señores, que debido a problemas familiares, no podría atender los servicios de las cenas. Por lo que acordaron que diariamente dejaría todo preparado para que fuera Paula la que atendiera ese servicio.
Así lo hicieron y a Paula le vino muy bien, ya que a partir de ese momento, ella y su hija, se aprovechaban de lo que quedaba de las cenas de los señores, que no era poco.
Los señores siempre cenaban los dos solos. Jamás, durante los años que Paula les estuvo sirviendo las cenas, tuvieron a nadie con ellos.

                                                      Chari, becaria de Vilamuseu, teatralizando Los sueños de Cayetana 

Bueno, no siempre. Durante los cuatro años que estuvo sirviéndoles la cena, dos noches de cada año (siempre las mismas fechas), preparó y atendió el servicio para cinco personas. Siempre eran las mismas, Don Pedro, Doña Antonia y tres varones más, dos de ellos más jóvenes, de unos treinta y pocos años y el tercero cincuentón.
Esos días, 23 de abril y 26 de septiembre, la cocinera dejaba preparada una suculenta y variada cena, con diversos dulces para los postres e incluso una botellita de la mejor mistela de Teulada. Durante la noche, Paula, se encargaba de atender y servir.
 Llegadas esas fechas, Consuelo ponía en aviso a Paula y aunque nunca preguntó el motivo de los banquetes, su mente siempre especulaba. 

                                             La zona noble de La Barbera 

Pero lo que cada año, llegados esos días, se instalaba en su cabeza e impedía que conciliara el sueño, eran unas preguntas que se hacía constantemente y a las que nunca encontraba respuestas. Paula era una persona que le gustaba ver la televisión hasta pasada la medianoche, y esas auto preguntas le impedían estar atenta a lo que pasaba en la pantalla, además de pasarse el resto de la noche en vela a causa de darle vueltas a la cabeza buscándole explicación.
“Si el portón y puerta de la entrada, los cierro a la puesta del sol, si la cancela de la escalera se cierra con llave al mismo tiempo, si soy la persona que comunica a los señores la llegada de las visitas y con su permiso las hago pasar y, ni he abierto las puertas, ni la cancela, ni he anunciado ni hago pasar a nadie porque nadie ha venido, ¿Quiénes son esos señores que vienen dos veces al año y por dónde han entrado? Si al terminar la cena, después de recoger los platos, la señora manda que me retire a mi habitación, abro y cierro la cancela al mismo tiempo y no vuelvo a abrir las puertas hasta la mañana siguiente, ¿Por dónde salen los invitados?
Esas eran las cavilaciones y preguntas, que año tras año, durante toda la noche de esos dos puntuales y precisos días, impedían dormir a Paula. 

                                                        Salón comedor de los señores de La Barbera

Un día de primeros del mes de septiembre del año 1991, falleció Don Pedro. Doña Antonia contrató una señora para que se ocupara de todas sus necesidades, por lo que, a partir de ahí, Paula ya no intervino más en las cenas de la señora.
Sin embargo, Paula continuaba con la intranquilidad del misterio que rondaba a menudo por su mente.
Remedios, la señora de compañía, necesitó ausentarse durante una tarde y para que Doña Antonia no se quedase sola (su salud estaba bastante resentida), acordaron que pasara la tarde con Paula, en las estancias para la servidumbre que ésta ocupaba dentro de la misma mansión.
Paula vio el momento oportuno para que sus preguntas obtuvieran respuesta, y sentadas las dos alrededor de una mesa camilla, de cara al pequeño televisor, conversaron de muchas cosas, sobretodo de las fincas que la noble familia tuvo o tenía por Guadalest y Relleu. Cuando consideró que el momento era el más propicio, le espetó: “Señora, ¿quiénes son esos caballeros tan apuestos con los que cenan Vds. dos noches cada año?”
“Son mis hermanos. Miguel, Cayetano y Jaime”
Paula se quedó inmóvil. Su cara, con la boca semi abierta y pálida, parecía una estatua de mármol. Pero sabía que era una oportunidad única para averiguar lo que siempre había considerado un misterio y reaccionó como si fuera una respuesta de una conversación normal.
¡Ah! “Pero, ¿por qué vienen siempre en las mismas fechas?”
“Porque esos fueron los días en que se marcharon del mundo de los vivos”- Respondió-
“Miguel y Cayetano se fueron juntos, en el mismo momento, el 26 de septiembre y Jaime nos dejó el 23 de abril”.
“Pero…” -Balbuceó Paula-. 

                                             La Barbera. Julio de 2015 

En ese mismo momento entró Remedios y esa intrigante conversación tocó a su fin.
Paula y su hija vivieron allí durante varios años más y muchos fueron los momentos que experimentaron “raras” sensaciones. Lo cierto es que alguna de las respuestas a las preguntas que en su cabeza anidaban, la señora se las dio, pero no todas. Fue en junio del año 1994 cuando las buscó en otro lugar y las obtuvo. Pero eso es otra cuestión.
Este relato quiero finalizarlo con una reflexión sacada del catálogo de La Barbera dels Aragonés. Casa Museu, donde Antonio Espinosa Ruíz, María Jesús Marí Molina y Carmina Bonmatí Lledó en “La Trascendencia Cultural de La Barbera dels Aragonés”, escriben: -“La Barbera es un espejo de esta época tan fascinante, en el que se refleja casi todo: la vida cotidiana, la política, la religión, las ideologías, el ámbito familiar, las modas, los avances tecnológicos, el arte…”

'Que cada cual extraiga sus conclusiones!


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martes, 6 de junio de 2017

Las casas descubiertas en la Plaza del Olmo de Villajoyosa.


En la página web del ayuntamiento de Villajoyosa, en fecha del día 5 de este mes de junio, se publicó una noticia cuyo titular dice así: “La Vila Joiosa descubre dos casas demolidas durante el gran ataque de una flota de Barbarroja en 1538 y en el asedio de las tropas borbónicas en 1706”. Si el autor del título, hubiera escuchado o leído las palabras del archivero municipal y las del director de Vilamuseu, no lo habría escrito así, ya que no es cierto. 

                                        Excavación del sitio donde estaban las casas. Fotografía, web Ayto. Villajoyosa.

Cosa distinta es lo que se anota en el interior del texto de la noticia, que fueron demolidas en sus respectivos momentos, con el fin de evitar riesgos para la población, y eso ya es muy posible que se acerque a la realidad.
Este descubrimiento se ha realizado en la Plaza de la Generalitat (esta plaza, a lo largo de su historia, ha tenido numerosos nombres, pero siempre ha sido conocida como la plaza del Olmo) (Ver http://pacomacia.blogspot.com.es/2013/10/el-olmo-de-la-plaza-de-la-generalitat.html ).

                                                                                Plaza de La Generalitat

Como complemento a esta noticia, aporto unos datos, que entiendo pueden ser interesantes para imaginar (visualizando en nuestras mentes), cómo podría ser, en esos históricos momentos, el entorno de esa zona.
A principios del siglo XVII (año 1607), se fundó en esa plaza (o llano, ya que en escrituras de esa época se le llamaba Pla de l’Om), el convento de los padres agustinos, y se edificó en lo que antes era campo (¿huerta?).

                                                        La plaza del Olmo y el convento a la derecha de la imagen.

El lugar donde se han descubierto los restos de las casas, en el año 1702 era conocido como la Partida de los Huertos. Probablemente, esa partida abarcaba parte, o toda la plaza y continuaba por el camino de Orxeta (históricamente siempre se ha escrito con CH, hasta el año 1991 en que se cambió por la X) (Ver http://pacomacia.blogspot.com.es/2017/01/conociendo-los-pueblos-de-la-marina_9.html ), hasta lo que hoy conocemos como Els Ribassos, teniendo por flancos, el río y el mismo camino de Orxeta, hoy, calle Limones.
A primeros del mes de marzo de ese año 1702, la casa de Cosme Soler, el herrero, estaba allí, y pegada a sus espaldas había otra, la que era conocida como “los corrales de la plaza del Olmo”.

                                                            Documento de compra del hortet de Orts en el año 1702

La casa de los corrales, junto a un huerto llamado “Hortet de Orts”, todo ello propiedad de Thomás Orts, fue comprado por otro ciudadano de Villajoyosa, Bartolomé Aragonés Llorca, seguramente con la idea de construir una casa. Junto al hortet de Orts, estaba la casa de Antoni Lloret.


Declarándose el Reino de Valencia leal a Carlos III durante la Guerra de Sucesión, es muy probable que se demolieran esas construcciones para que, en caso de que Villajoyosa fuera asediada, no se utilizaran por el enemigo (las tropas borbónicas de Felipe V), dado el lugar donde se encontraban frente a la entrada principal de la villa amurallada. La villa fue asediada en 1708.

                                                           Plaza del Olmo con el monumento al Doctor Esquerdo.

Finalizada la contienda, en el mes de mayo de 1719, el hijo del vilero que compró el hortet de Orts, compró tres solares en el mismo lugar.
El primero fue el mismo que anteriormente ocupó la casa del herrero, Cosme Soler, que ya había fallecido. El segundo lo compró a Francisco Soler y estaba junto a lo que fue casa de Antoni Lloret. Y el tercero a Antoni Lloret, cuyo solar lindaba con el de los herederos de Cosme Soler.
Parece ser que el comprador estaba adquiriendo todos los terrenos que se encontraban entre las murallas de la villa, el camino de Orxeta y el camino de Alicante (actual bajada de Costes).

                                                              Una de las escrituras de compra de solares en 1719

A partir de la compra de esos terrenos, se empezó a construir en la parte de la plaza del Olmo que linda con el río y continuó por la parte izquierda del camino de Orxeta y en el año 1743, se pidió autorización para construir e instalar allí, un horno para cocer pan, concediéndose dicha autorización en el año 1744.

                                               Autorización para construir e instalar un horno en la plaza del Olmo. Año 1744

A principios del siglo XIX, antes de que las tropas napoleónicas entraran en Villajoyosa, una de las casas construidas en la zona de las excavaciones actuales, era un mesón. Cosa lógica, ya que el lugar era el centro desde donde partían los carruajes, diligencias y caballerías que discurrían por los caminos que partiendo desde La Vila, llegaban hasta Denia, Alicante o Alcoy, pasando por otros muchos pueblos. Fue el lugar de partida y llegada a la capital de la comarca.

                                               La hoy llamada plaza de la Generalitat. Fotografía de Información

                                                               Villajoyosa en los años 60 del pasado siglo XX

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