jueves, 7 de julio de 2016

Los frailes del convento de Villajoyosa y sus negocios. Año 1707

Durante los siglos XVI y XVII, los frailes que habitaban los conventos se dedicaron a infinidad de cosas, aunque dependiendo de la orden que profesaban ejercieron alguna labor por la que eran distinguidos.
Los frailes se diferencian de los monjes en que éstos solían vivir en solitario o en comunidad llevando una vida de clausura, sin tener contacto directo con el mundo secular. El fraile, por el contrario, pertenecía a una orden general, y vivían junto a la gente de los pueblos.

                           Convento en la plaza del Olmo de La Vila. Año 1911

Varias son la Órdenes en las que estaban integrados los frailes, y siguen estando aunque en número muy reducido. Algunas son: Benedictinos, Dominicos, Franciscanos, Agustinos, Carmelitas, Jesuitas, etc. y dentro de ellas se englosan multitud de denominaciones con distinciones propias.

                                                               Escudo de la Orden de San Agustín

Normalmente habitaban en conventos y dependiendo sobre todo de la Orden, vivían de sus quehaceres, de las limosnas, de sus negocios, de los impuestos que legalmente cobraban, de los préstamos (censos) y en alguna ocasión del contrabando (véase el artículo de María Pampín en el País http://elpais.com/diario/2010/04/25/galicia/1272190699_850215.html

                               Carta de pago de un censo a favor de convento de Villajoyosa

El caso que nos ocupa es el referente al convento de San Pedro y Santa Marta de la orden del Gran Padre San Agustín de la villa de Villajoyosa. Dicho convento se construyó el año 1607 en la Plaza del Olmo, hoy la Plaza de La Generalitat, y fue derruido en 1936, para mejorar el trazado de la carretera N-332, el espacio resultante lo ocupa en la actualidad dicha plaza. 

                                  La plaza del Olmo y el convento de San Agustín
 
En el año 1707, en la celda del prior del convento, que era el lugar donde solían hacer sus negocios, se reunieron con una distinguida persona de la villa para que éste cancelara unos censos o préstamos que hasta la fecha eran favorables al convento y a sus religiosos, todo ello bajo la presencia de un escribano que dio fe de la operación y cuyo documento emitido es uno de los que adjunto. Para dar más valor al documento, el influyente vecino acudió acompañado por dos testigos que fueron, Andreu Mayor y Miquel Vaello de Pere Joseph.

                                          Libro III de las fundaciones de conventos del reyno de Valencia
 
Gracias a ese documento podemos saber los nombres de los allí reunidos y sus cargos dentro de la congregación, son estos: El prior del convento fray Thomás Verdú, los padres predicadores fray Joseph Hernández y el padre fray Antholino Sanchís, el padre fray Juan Facundo Buforn, el padre fray Thomás Sanchís, fray Nicolás Sancho, fray Joseph Pavía y los coristas, hermanos fray Bernat Lloret, fray Agustí Lloret y fray Joseph Borreda. Todos ellos frailes de la obediencia de dicho convento que formaban la mayor parte de los que tenían voto para dichos asuntos. 

                    Relación de frailes reunidos en la celda del prior. Documento del año 1707

En mi artículo de 5 de marzo de 2015 titulado “Las tumbas del convento de San Agustín de Villajoyosa” y cuyo enlace adjunto, podéis leer más sobre dicho convento http://pacomacia.blogspot.com.es/2015/03/las-tumbas-del-convento-de-san-agustin.html


                               Una de las tumbas del antiguo convento de Villajoyosa 


Se autoriza la reproducción de la información contenida en esta publicación, siempre que la fuente sea citada.


jueves, 23 de junio de 2016

Una capital del cuarto mundo. Katmandú (Nepal).


El helicóptero nos trasladó desde Lukla al aeropuerto de Katmandú donde nos estaban esperando dos ambulancias. Una de ellas se llevó a la señora alemana y la otra a Joan y a mí. Subí en el asiento delantero junto al conductor. No podía entrar puesto que el espacio era insuficiente. Con señas le hice ver al conductor que no cabía y se encogió de hombros. Puse mis rodillas pegadas al cristal parabrisas y así llegamos al hospital después de una odisea con sirena incluida y que nadie respetaba ni hacían caso. Ya comenté en el primer capítulo de Desafío Nepal (Mi experiencia) que allí la circulación es un desbarajuste.

                                              Bicicletas taxi en Katmandú

Ya en el hospital, la atención y la asistencia fue muy buena, nos atendieron estupendamente. Muchas pruebas y nos llevaron a una confortable habitación, no sin antes “tirar” a un muchacho que ocupaba una de las camas. La única pega fue que el agua de la ducha y el lavabo salía amarillenta. Esa noche ya comí algo sólido que nos trajeron a la carta de un restaurante y también dormí. ¡Por fin!
Al siguiente día nos dieron el alta y Dawa, siempre pendiente de nosotros, nos acompañó con un taxi al hotel. 

                                                                    El barbero afeitando en su lugar de trabajo (la calle)

Aún quedaban tres días para que nuestros compañeros volvieran de la expedición y teníamos que aprovecharlos haciendo turismo.
Contratamos, todo y siempre a través de Dawa, un guía que hablaba español, un coche de lujo y un chofer. Hicimos una tournée visitando dos ciudades cercanas a la capital y que son Patrimonio de la Humanidad y la gran estupa.

                                     Ceremonia religiosa similar a la comunión católica

Cuando llegaron al hotel a recogernos, nos abrieron las puertas del coche y el vigilante uniformado se nos cuadró haciendo el saludo militar, nos sorprendimos y nos preguntamos a qué era debido todo eso. Esto se repitió cada vez que entrábamos y salíamos del coche y nos dimos cuenta de que vehículos como ese había pocos y nos confundían o nos tenían como personas importantes y/o ricas.

                                        Muchos edificios apuntalados por el terremoto de 2015

Nos llevaron a la primera ciudad, Patan, llovía pero las calles estaban llenas de gente, era fiesta religiosa. También llenas de agua y barro. Se veía que era una ciudad con historia pero con muchos edificios apuntalados por peligro de derrumbe debido al terremoto de 2015.

                                                                                    En la ciudad de Patan

                                                                             Nos pusieron el punto rojo en la frente

Desde allí nos llevaron a la ciudad cultural de Bhaktapur. Preciosa pero desastrosa, hecha ruinas por el terremoto y por la dejadez de los nepalíes, sucia y abandonada. Una pena. Por sus derruidas calles llenas de mierda y miseria estaban decapitando cabras porque era no sé qué fiesta.

                                                                        Fachada del museo nacional del arte de Bhaktapur


                                                                     Una cabra decapitada y quemada en plena calle

Todo por limpiar y arreglar pero no se veía a nadie trabajando en ello ¡Qué lástima!
Por último nos llevaron a ver La Gran Stupa de Buda en Katmandú, uno de los cuatro destinos budistas del Nepal. También afectada por el terremoto pero ¿dónde estaba la gente que trabaja?

                                                             La Gran Stupa de Buda también en obras pero sin obreros

Dos días viendo la miseria de la pobre gente nepalí y lo que hacen por sobrevivir. Esperando a que el grupo regrese de la aventura. Me sobraron dos de los tres días.

                                             El resto del grupo de regreso a la capital

Por fin regresaron y lo celebramos con una gran comida (exquisita) en un restaurante internacional y por la noche, Dawa nos invitó a cenar en un típico restaurante nepalí. Perfecto, muy bueno y amenizado con bailarinas nepalíes que no estaban mal.

                                                                   De comilona después de terminado el Desafío

El siguiente día nos llevaron al aeropuerto. Avión con destino a Doha, capital de Qatar. Dos horas de espera y embarque con destino a Madrid. Un total de doce horas de vuelo que se me hizo un poco pesado pero por fin en mi querida España, el mejor país del mundo. Después de ver la miseria que hay en esa parte del mundo, aprecio mucho más todo lo que tenemos aquí. ¡Muchos no sabéis la suerte que tenemos habiendo nacido en España!

                                        El grupo en el hotel de Katmandú en la despedida

Estos relatos vividos en Nepal los titulo “Mi experiencia”. He intentado contar cómo lo viví y qué sentí en esos momentos únicos e irrepetibles, pero creo que eso es imposible. Esos momentos han sido extraordinarios, impresionantes, originales, insólitos e inolvidables pero lo más importante es que han sido personales, exclusivos de mí. Solamente yo sé lo que sentí y lo que en cada de esos instantes pasaba por mi mente. Ha sido mi experiencia y por lo tanto solamente yo la he vivido.

                                                            Una parte de la ciudad de Bhaktapur. Patrimonio de la Humanidad

lunes, 20 de junio de 2016

Evacuado en un helicóptero terminé mi aventura en el Himalaya. Desafío Nepal (Mi experiencia) 10

Amanecía cuando llamaron a la puerta “Paco, Paco, soy Jambo, desayunar” “OK, ya voy”. Desayuné solamente café con leche y le dije a Jambo que pidiera mi cuenta y la factura o nota. 700 rupias que entregué a Jambo para que las pagara (5,60 euros). Jambo cogió mi mochila y nos pusimos en marcha hacia Lobuche.

                                                                                              Aldea de Lobuche

Él iba unos 50 m. por delante de mí, pero hacía continuas paradas ya que mi paso era muy lento. El camino no tenía dificultad en condiciones normales pero cualquier desnivel, por pequeño que fuera, me suponía un gran esfuerzo y eso a pesar de que caminaba ayudándome de los bastones. Estaba totalmente agotado, física y mentalmente.

                                                  Un porteador de utensilios y alimentos

No sé el tiempo que tardé en realizar el trayecto, el resto del grupo lo recorrió la jornada anterior en unas tres horas y media, pero cuando entré por el callejón que me conducía al edificio del albergue, lo hice dando bandazos por lo exhausto que estaba. Cuando Nangel y Monerris me vieron, corrieron hacia mí y me sujetaron hasta llegar a la puerta del alojamiento en donde me senté, no recuerdo si en una silla o en el suelo.
Me comunicaron que ya estaba avisado el helicóptero en el que me evacuarían junto a otro compañero del grupo, Joan, y que no tardaría en llegar. 

                                               Con Joan, mi compañero de expedición

Le di la nota de las 700 rupias a Monerris y él se la pasó a Nangel, el cual sacó de su bolso el dinero y extendió su mano para dármelo. Le dije que no lo quería, “es tuyo” –me contestó- “si es mío, dáselo a Jambo”. Cuando se lo entregó al sherpa, éste vino hacia mí y me dio un abrazo. Eran el equivalente a 5,60 euros y creo que más de lo que le pagaban por una dura jornada, pero conmigo se lo había ganado y bien. Su cara era de felicidad y a pesar de todo me la transmitió a mí.
La parte triste fue que al ser dos menos en el grupo, se tuvo que despedir a un sherpa. Se le pagaron sus servicios hasta ese día y tuvo que regresar a esperar de nuevo que alguien le contratara. 

                                                                                    Me despido del Himalaya

Trajeron mi equipaje y nos dirigimos al lugar donde se tenía que posar el helicóptero. Me encontraba “animadillo”, hasta les canté una canción que Monerris grabó. De pronto oímos el motor del aparato que venía a por nosotros. Aterrizó y rápidamente el jefe de los sherpas abrió una puerta y cargó los dos bultos de ambos evacuados. Subimos y enseguida levantó el vuelo rumbo a Lukla aunque realizó una parada en Namche Bazar para dejar al pasajero que ya venía en él.

                                                                                Desde el interior del helicóptero

¡Una pasada! ¡Otra experiencia más! El viaje duró unos 20 minutos pero fue una gozada ya que volábamos a no demasiada altura entre cañones, ríos, desfiladeros, barrancos y magníficas montañas.

                                                                                    Preciosas vistas desde el aire

Aterrizamos en un “pedregal” junto a la pista de aterrizaje más peligrosa del mundo. Aquello era un caos de helicópteros que despegaban, aterrizaban y les suministraban combustible en bidones de plástico y con un embudo por el que caía más en el suelo que en el depósito. 

                                             Pista de aterrizaje de helicópteros en Lukla

Y de cuando en cuando algún avioncito tomaba pista. ¡Madre mía!
Estuvimos dos horas allí junto a una señora alemana, sin que nadie nos diera razón de nada. Nos tenían que llevar a los tres a algún hospital pero ¿Quién nos lleva? ¿Cómo nos van a llevar? ¿Cuándo saldríamos hacia Katmandú? ¿Sabrá alguien quien somos y qué hacemos allí?

                                                                    En la pista de los helicópteros con los equipajes tirados

Esa es otra historia que contaré en otro artículo.

                                                                   Terminal de helicópteros en el aeropuerto de Lukla